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«Tesoros de la Fe» Nº 161 > Tema “Sacramentos”

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La perfección del matrimonio

 

PREGUNTA

Al leer una colección de «Vidas ejemplares» me he encontrado con… varias santas que se casaron y, de común acuerdo con sus esposos, practicaron el voto de castidad y jamás tuvieron relaciones conyugales. Sin embargo, me enseñaron que el sacramento del matrimonio se configura como tal con la consumación del acto, pues ambos serán una sola carne. Si eso no ocurre, el sacramento perdería su carácter. ¿Podría, por favor, aclarar mis dudas?

RESPUESTA

Al leer una colección de «Vidas ejemplares» me he encontrado con… varias santas que se casaron y, de común acuerdo con sus esposos, practicaron el voto de castidad y jamás tuvieron relaciones conyugales. Sin embargo, me enseñaron que el sacramento del matrimonio se configura como tal con la consumación del acto, pues ambos serán una sola carne. Si eso no ocurre, el sacramento perdería su carácter. ¿Podría, por favor, aclarar mis dudas?

Junto con esta pregunta, el consultante hacía otra, que respondimos en la columna de abril último, dejando la segunda, que reproducimos arriba, para este mes. El autor de la carta dice haber aprendido que para que el sacramento del matrimonio se configure como tal es necesario que haya la consumación del acto propio a la generación de la prole. Veamos la enseñanza de Santo Tomás de Aquino al respecto.

En el paraíso terrenal hubo verdadero matrimonio

Como se sabe, Santo Tomás murió sin terminar la Suma Teológica. Sin embargo, incluso antes de escribirla, trató del tema del matrimonio en varios otros escritos, especialmente al comentar el libro de las Sentencias de Pedro Lombardo. Este comentario fue después aprovechado por los compiladores del Suplemento de la Suma Teológica.

Así, en el artículo 4 de la cuestión 42 del Suplemento de la Suma Teológica, hay un texto específico sobre la cuestión planteada por el consultante, precisamente titulado Si la conjunción carnal pertenece a la integridad del matrimonio.

Santo Tomás presenta cuatro argumentos a favor de la respuesta afirmativa, que enseguida él mismo rebatirá. Entre los cuatro, vamos a destacar dos, más relacionados con el argumento del consultante:

"1. En la propia institución del matrimonio fue dicho: 'Serán los dos una sola carne' (Gén 2, 24). Pero esto no es posible sin la conjunción carnal. Luego esta pertenece a la integridad del matrimonio".

"3. Además, este sacramento es ordenado a la conservación de la especie. Pues bien, la conservación de la especie no es posible sin la conjunción carnal. Luego, pertenece a la integridad del Sacramento".

En seguida, Santo Tomás presenta dos argumentos en sentido contrario:

"1. En el Paraíso hubo matrimonio (Gén 2, 22). Sin embargo, no hubo conjunción carnal (Gén 4, 1). Luego, la conjunción carnal no pertenece a la integridad del matrimonio".

"2. Además, por su mismo nombre, un sacramento implica la santificación. Sin embargo, el matrimonio es más santo sin la conjunción carnal, como dice el texto del Maestro de las Sentencias [el teólogo escolástico Pedro Lombardo] (m. 26, c. 6). Por lo tanto, la conjunción carnal no pertenece a la necesidad del sacramento".

La demostración de esta tesis es hecha enseguida, en el Suplemento de la Suma, en términos muy sintéticos. Como Santo Tomás retoma y desarrolla más ampliamente su pensamiento en el artículo 2 de la cuestión 29 de la Parte III de la Suma Teológica, es más interesante pasar directamente a este texto.

Hay verdadero matrimonio cuando este alcanza su perfección

El referido artículo se titula: ¿Hubo verdadero matrimonio entre María y José? (Utrum inter Mariam et Joseph fuerit verum matrimonium).

Conviene dividir la respuesta de Santo Tomás en varias partes, explicándolas paso a paso con el fin de hacerla más comprensible —así lo esperamos— por el lector no especializado de nuestra revista.

Escribe, pues, Santo Tomás:

"Se llama verdadero al matrimonio porque ha conseguido su perfección. Ahora bien, la perfección de una cosa es doble: primera y segunda. La primera consiste en la misma forma de la cosa de la que obtiene su especie; la segunda se concreta en la operación de tal cosa mediante la cual alcanza de algún modo su fin. Y la forma del matrimonio consiste en una unión indivisible de las almas, en virtud de la cual cada uno de los cónyuges se compromete a guardar indivisiblemente fidelidad al otro. Pero el fin del matrimonio es la procreación y educación de los hijos. Lo primero se logra por medio de la cópula conyugal; lo segundo, mediante otras obras del marido y de la mujer, con las que se ayudan mutuamente para criar a los hijos".

Vamos a intentar comprender este primer párrafo. La palabra perfección en latínperfectio— tiene dos grados: en el primer grado es la completa realización de algo; y el segundo corresponde al sentido que le damos a la palabra perfección en castellano, es decir, la realización perfecta de lo mejor, de lo ideal. Santo Tomás toma la palabra en su primer sentido latino —de la completa realización de algo— en el cual distingue una realización correspondiente a la forma del matrimonio (que es la unión y la fidelidad mutua de los cónyuges) y otra realización correspondiente a su fin (que es la generación y educación de la prole). Tenga el lector la bondad de releer el texto arriba citado de Santo Tomás a la luz de esta explicación.

Hubo verdadero matrimonio entre María y José en cuanto a la forma

El propio Santo Tomás ayuda al lector a comprender su texto, explicándolo de la siguiente manera:

"Se impone, por consiguiente, decir que, en cuanto a la primera perfección, el matrimonio de la Virgen Madre de Dios con José fue enteramente verdadero, porque consintieron ambos en la unión conyugal, aunque no expresamente en la cópula carnal, sino a condición de que eso agradara a Dios. Por eso el ángel llama a María esposa de José cuando le dice a este, en Mt 1, 20: 'No temas recibir en tu casa a María, tu esposa'. Exponiendo este pasaje, Agustín dice: 'En virtud de la fidelidad inicial de los desposorios llama esposa a la que no había conocido, ni había de conocer, por la cópula carnal' (in De nuptiis et concupisc., lib. I, cap. XI)".

El matrimonio entre María y José fue perfecto en cuanto a la educación de la prole

Continúa así Santo Tomás:

"En lo que atañe a la segunda perfección, que se logra por el acto del matrimonio, si este se refiere a la unión carnal mediante la que se engendran los hijos, aquel matrimonio no fue consumado. Por lo que dice Ambrosio: 'No te inquiete el que la Escritura llame a María esposa. La celebración de las bodas no es una declaración de la pérdida de la virginidad, sino un testimonio del matrimonio'. Sin embargo, aquel matrimonio tuvo también la segunda perfección en cuanto a la educación de la prole. Por esto dice Agustín: 'Todos los bienes de las bodas tuvieron su cumplimiento en los padres de Cristo: La prole, la fidelidad y el sacramento. Reconocemos la prole en el mismo Señor Jesús; la fidelidad, en que no hubo adulterio alguno; el sacramento, porque tampoco se dio divorcio de ninguna clase. Sólo estuvo ausente de él la cópula conyugal' (in De nuptiis et concupisc., lib. I, cap. XI, XII)".

El voto de castidad no rompe el vínculo conyugal

De lo que fue expuesto se sigue la tesis sustentada por Santo Tomás, que él enuncia después de presentar los argumentos contrarios a ella. Y como, en este caso concreto, Santo Tomás tiene en vista especialmente la tercera objeción, es necesario ver primero en qué consiste esta:

[Tercera objeción] "En Mt 1, 19 se dice: 'José, su esposo, como era justo, y no quería conducirla —se entiende— a su casa para una cohabitación continua, quiso despedirla en secreto, esto es, aplazar el tiempo de las bodas, como explica Remigio (Homilía IV). Luego parece que, no celebradas todavía las bodas, tampoco habría aún verdadero matrimonio; sobre todo, no estando permitido a nadie despedir a la esposa después de contraído matrimonio".

A esto, Santo Tomás opone su tesis, la cual comienza siempre, a lo largo de toda la Suma Teológica, con las palabras latinas sed contra:

"Contra esto: está lo que dice Agustín (De consensu Evangelistarum, lib. II, c. 1): 'No es posible que el Evangelista pensara romper el matrimonio entre José y María —llamando a José esposo de María— por el hecho de que esta dio a luz a Cristo virginalmente, no en virtud del coito con José. Con tal ejemplo se insinúa claramente a los fieles casados que, incluso guardando continencia por común acuerdo, puede subsistir el matrimonio y llamarse tal sin la unión sexual de los cuerpos'".

Por lo tanto, el caso de las santas que, de común acuerdo con sus maridos, hicieron voto de conservar la castidad perfecta dentro del matrimonio, está plenamente justificado por la doctrina de Santo Tomás.

Ahí está, pues, escrita hace cerca de 750 años por Santo Tomás de Aquino, la respuesta solicitada por el consultante. O, si lo prefiere, elaborada por San Agustín hace cerca de 1.500 años y explicada por Santo Tomás.

¡Con esto, esta respuesta va firmada por los dos mayores Doctores de la Iglesia!



  




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