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«Tesoros de la Fe» Nº 170

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Santa Brígida de Irlanda

Virgen, abadesa y taumaturga

Patrona de Irlanda, fundó varios monasterios y fue favorecida con el don de los milagros

Plinio María Solimeo

Aunque Santa Brígida haya vivido en el siglo V, existen sobre ella varias biografías. La más antigua es la que San Ultan, obispo abad de Ardbraccan, escribió para su discípulo San Brogan Cloen de Rostuirc, fallecido el año 650.1 San Donato, que vivió en el siglo IX en Irlanda, se refiere también a otra biografía escrita por San Aileran (siglo VII). Contamos, pues, con la vida de Santa Brígida escrita por otros santos.

¡Cómo son insondables los designios de Dios! Santa Brígida, que se convertiría en patrona de Irlanda, taumaturga, abadesa de miles de religiosas y modelo de santidad, nació en la esclavitud y fuera del sagrado vínculo matrimonial!

 Hija de padre pagano, se hizo religiosa 

La futura santa nació alrededor del año 451 en la ciudad de Faughart, condado de Louth, que corresponde hoy a Irlanda. Su padre, gran señor, había comprado una esclava de muy buena apariencia de la cual se enamoró, cayendo en adulterio. Su esposa consiguió que él la apartase, a pesar de que algunos siervos de Dios predijeron que la esclava daría a luz una niña que sería grande a los ojos de Dios.

Como el padre de Brígida era pagano, le dio a su hija el nombre de la diosa pagana del fuego, una de las más poderosas de su culto.

Algunos de los biógrafos de la santa afirman que, tanto ella cuanto su madre, fueron convertidas por San Patricio.

Cuando Brígida entró en la adolescencia, como era muy hermosa, el padre la trajo de vuelta a casa, para casarla con alguno de sus numerosos pretendientes. La hija, sin embargo, quería consagrarse por entero a Dios. Según sus biógrafos, al darse cuenta de que su belleza era la que atraía a los pretendientes, pidió a Dios volverse fea, para así alejarlos. Una súbita enfermedad en el rostro le produjo entonces la ceguera en un ojo, dejándola tan deforme que nadie más quiso saber de ella. El padre consintió entonces que ella entrase en un convento.

 Funda el primer monasterio de Irlanda 

En aquel tiempo no había aún conventos en Irlanda y las vírgenes consagradas vivían en sus propias casas. Santa Brígida recibió el velo de las manos de San Mac Caill, e hizo su profesión religiosa con San Melis de Ardagh, que le confirió los poderes de abadesa para reunir a doncellas bajo su dirección, como en el resto de Europa. Fue cuando, de acuerdo con el Martirologio Romano y sus primeros biógrafos, Brígida, tocando el altar, que era de madera seca, lo hizo florecer. Añaden algunos que le volvió entonces la vista y la hermosura del rostro. Pues, según ellos, Nuestro Señor Jesucristo no podía negarle tal obsequio a su elegida el día de sus nupcias.

Vida de Santa Brígida, Lorenzo Lotto, 1523-24 –  Fresco, Oratorio Suardi, Trescore (Italia)

Brígida se retiró entonces con otras siete vírgenes a una región aislada, donde erigió un convento bajo la sombra de un enorme roble.

Pronto se volvió muy conocida y famosa por su sentido común y, especialmente, por su santidad. Ya la consideraban santa en vida.

Alrededor del año 470, Brígida fundó el monasterio doble de Cell Dara, actual Kildare, con religiosas y religiosos, que vivían en edificios separados, bajo la dirección de San Conleth. Junto al monasterio surgió poco a poco una villa, que vino a ser la sede metropolitana de la provincia.

El monasterio se convirtió con el tiempo en uno de los más prestigiosos de Irlanda y famoso en toda Europa cristiana. Por consejo de Brígida, San Conleth fue elegido para la sede episcopal de Kildare.

Según sus biógrafos, Santa Brígida escogió a San Conleth “‘para gobernar la iglesia de Kildare junto con ella’. Así, durante siglos, Kildare fue regido por una doble línea de abades obispos y abadesas; la abadesa de Kildare era considerada superiora general de todos los conventos de Irlanda”.2

En el monasterio masculino de Kildare, Brígida fundó una escuela de arte, presidida también por San Conleth. Entre otros trabajos artísticos allí ejecutados, estaban los hechos en metal, particularmente las miniaturas que hicieron famoso al monasterio, pues todos los libros eran escritos a mano dado que aún no existía la imprenta.

Consta que una de las obras maestras de este monasterio escuela fue un maravilloso libro de los Evangelios, ricamente ilustrado con miniaturas, que causó la admiración general no sólo de los contemporáneos, sino de los siglos siguientes, hasta la seudo reforma protestante, cuando desapareció.

Según el escritor, historiador y eclesiástico del siglo XII, Giraldus Cambrensis, “nada de lo que él había visto en su vida era comparable con el ‘Libro de Kildare’, cada página del cual era espléndidamente adornada con miniaturas; y concluye su nota muy laudatoria diciendo que el trabajo de encuadernación y la armonía de los colores dejaban la impresión de que ‘todo ese trabajo era angélico y no fruto de la habilidad humana’”. Y añade “que el libro fue confeccionado noche tras noche, mientras Santa Brígida rezaba: ‘un ángel proporcionaba los modelos, el monje copiaba’”.3

 Milagros obrados con la Señal de la Cruz

Muchos milagros son atribuidos a la patrona de Irlanda. Sus seguidores afirman que ella los hacía utilizando la Señal de la Cruz: expulsaba los demonios, restituía la vista a los ciegos y curaba a los leprosos.

En ese sentido, narran las crónicas que cierto día dos leprosos se dirigieron a ella para pedirle su curación. La santa hizo la Señal de la Cruz en una vasija con agua, recomendando a los leprosos que cada uno lavara el rosto del otro con aquella agua. El primero en ser lavado quedó tan contento con la curación, y con tanto miedo de adquirir nuevamente la lepra, que no quiso tocar al segundo para lavarlo, como había sido indicado por la santa. En ese mismo instante las úlceras le reaparecieron, mientras que el otro era curado por la intercesión de Brígida.

Milagro doble, prodigio hecho y deshecho

Otro caso que maravilló a sus contemporáneos fue el doble milagro que ella operó en favor de una virgen consagrada que era ciega. A pedido de esta, la santa hizo la Señal de la Cruz sobre sus ojos, y la virgen comenzó a ver. Pero después, iluminada interiormente, consideró que todo lo que veía en este mundo era perecedero y caduco; además, que muchas cosas podían ser obstáculo para el progreso de su alma. Pidió entonces a Brígida que le restituyera la ceguera. Lo que la santa hizo del mismo modo como le había restituido la vista.4

Muerte y glorificación de la patrona de Irlanda

Según la opinión más probable, Santa Brígida falleció el día 1º de febrero de 523 en su monasterio de Kildare, y fue enterrada en la iglesia de su abadía. Consta que, para honrar su memoria, sus religiosas instituyeron un fuego sagrado perpetuo, que pasó a ser llamado “Fuego de Santa Brígida”.5

Sus restos mortales fueron después trasladados a Downpatrick, a fin de permanecer junto a los de los otros dos patronos de Irlanda, San Patricio y San Columba de Iona. Sin embargo, según Mons. Paul Guérin, ellos fueron después transferidos a la catedral de esa misma ciudad. Sucedió entonces que, después de la apostasía de Inglaterra, la iglesia que conservaba los restos mortales de la santa fue destruida y sus cenizas lanzadas al viento, por orden de Enrique VIII.

De la profanación se salvó sin embargo el cráneo de Brígida, que se encontraba en Neustadt, en Austria. Conservado en la capilla del palacio imperial austríaco hasta 1587, Rodolfo II se lo obsequió al embajador de España, Juan de Borgia. Este lo donó a la iglesia de San Juan Bautista, de los jesuitas, en Lisboa, donde es venerado actualmente.6

La devoción a Santa Brígida es muy grande en su país de origen, habiéndose difundido a otras naciones de Europa y del mundo con la inmigración irlandesa. Su fiesta se conmemora el día 1º de febrero.

Catedral de Santa Brígida en Kildare, Irlanda

Santa Brígida es llamada por los irlandeses “Reina del Sur”, o “María de Gael”, nombre cuyo significado desconocemos.7

Algunas veces es llamada también “Santa Brígida de Escocia”, como lo hizo, en el siglo XVI, Pedro de Ribadeneyra, discípulo de San Ignacio de Loyola. Eso se explica, según los “Pequeños Bolandistas”, por el hecho de que los Escotos, que dieron el nombre a la parte septentrional de Gran Bretaña, habitaban en el siglo V la región que vino a ser Irlanda, que era llamada indiferentemente de Escocia o Hibernia.

Notas.-

1. Cf. W.H. Grattan-Flood, St. Ultan of Ardbraccan, in The Catholic Encyclopedia, CD Rom edition.

2. W.H. Grattan-Flood, St. Brigid of Ireland, in The Catholic Encyclopedia, CD Rom edition.

3. Id., Ib.

4. Cf. Pedro de Ribadeneyra, Santa Brígida de Escocia, in Flos Sanctorum, apud Dr. Eduardo María Vilarrasa, La Leyenda de Oro, L. González y Cía., Barcelona, 1896, t. I, p. 350.

5. Cf. Mons. Paul Guérin, Sainte Brigitte, surnommée La thaumaturge, Les Petits Bollandistes, Vies des Saints, Bloud et Barral, Libraires-Éditeurs, París, 1882, t. II., p.186.

6. Id., Ib. p. 186.

7. Cf. W.H. Grattan-Flood, St. Brigid of Ireland, op. cit.

8. Mons. Paul Guérin, op. cit. p. 185, nota 1.



  




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