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«Tesoros de la Fe» Nº 176

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Nuestra Señora de la Guardia Patrona de Génova

Ejemplo de cómo debemos preocuparnos más con lo que Dios quiere de nosotros, y menos con lo que dicen los otros. Lo que importa es la obediencia a Dios, no la opinión de los hombres.

VALDIS GRINSTEINS

Un 29 de agosto de 1490, Benedetto Pareto fue, como de costumbre, a trabajar desde temprano al monte Figogna, cerca de la ciudad italiana de Génova. Este era uno de los montes llamados de guardia, porque en aquellos remotos tiempos la plaga de la piratería musulmana era considerable.

Tanto para que las personas tengan tiempo de huir, como para que las defensas fuesen acondicionadas, unos vigías hacían guardia desde lo alto de puntos estratégicos.

Benedetto era pastor y acostumbraba llevar a sus ovejas a pastar en aquellos parajes. Su esposa le llevaba el almuerzo alrededor de las diez de la mañana, y esa era normalmente la única interrupción de su rutina. Pero aquel día él vio aproximarse a una bella señora, que se presentó como la Madre de Jesús. En primer lugar, fue necesario que Ella lo tranquilizara, pues se había impresionado mucho al verla. En seguida la Señora le pidió que construyera una capilla en aquel lugar, en lo más alto del monte. Benedetto se sorprendió, pues los pastores eran una clase pobre, y él no era la excepción. Por eso objetó:

—“Pero yo soy muy pobre, y para construir en este monte alto y desierto será necesario tanto dinero, que dudo que lo consiga” .

En rigor, su observación sería válida, si apenas contara con sus propias fuerzas. Sin embargo, la Santísima Virgen le respondió:

—“No tengas miedo; serás muy ayudado” .

Movido por la gracia, Benedetto corrió a su casa para contar a la familia lo que acababa de suceder. Pero las reacciones en casa no fueron tal vez las que él esperaba. Particularmente escéptica y sarcástica, su esposa le dijo:

—“Hasta hoy todos te consideraban una persona sencilla, pero de ahora en adelante te van a considerar tonto o completamente loco” .

Su mujer se empeñó tanto en que no hiciera ni contara nada, que entonces decidió seguir su mal consejo.

Al día siguiente, al regresar nuevamente al trabajo, quiso recoger unos higos. Cuando subió a la higuera, la rama en la cual se apoyaba se rompió y Benedetto cayó por tierra. Las heridas eran tan graves, que hasta podrían provocar su muerte. Llevado a su casa, permaneció algunos días en cama. En esa situación, la Santísima Virgen se le apareció nuevamente. Con bondad maternal, lo reprendió suavemente por su actitud. Le pidió nuevamente que construyera una capilla y lo curó de sus heridas.

Ahora Benedetto no tuvo más dudas.

No le preguntó a nadie, ni quiso saber lo que los otros pensaban. Recorrió acto seguido las localidades vecinas, contando lo sucedido y pidiendo ayuda para construir la capilla. En efecto, sucedió lo que la Virgen le había vaticinado: Benedetto fue muy ayudado y en poco tiempo terminó de construir la capilla en lo alto del monte Figogna. La capilla original era pequeña, de plano rectangular y con techo de madera, y hoy se encuentra incluida en una edificación posterior, que la envuelve totalmente.

La noticia de la aparición se corrió por la región y los fieles comenzaron a hacer peregrinaciones al lugar. Decenas de años después, ya en 1530, fue decidida una construcción mayor para acoger a los peregrinos, cada vez más numerosos.

La noble familia Ghersi contribuyó generosamente para la edificación del santuario. El conjunto arquitectónico que hoy embellece el lugar data de finales del siglo XIX, cuando además de los edificios religiosos fue levantado también un alojamiento para peregrinos.

El Papa Benedicto XV, que era natural de la ciudad de Génova, concedió en 1915 al templo la condición de basílica menor. Hizo también construir en los jardines del Vaticano una capillita dedicada a Nuestra Señora de la Guardia.

Más recientem ente, la noche del 17 al 18 de mayo de 2008, el Papa Benedicto XVI pernoctó en el santuario y obsequió una Rosa de Oro a la Virgen de la Guardia.

Basílica de Nuestra Señora de la Guardia

Preocuparse con Dios y no con los hombres

Llama la atención en este episodio la capacidad que algunas personas tienen para influenciar a otras, tanto para el bien como para el mal. Benedetto la tuvo para el bien, cuando fácilmente convenció a otros para que lo ayudaran a construir la capilla pedida por Nuestra Señora. Para el mal, la tuvo su familia, queriendo impedirle de atender el pedido de la Virgen Santísima.

Capilla a la Virgen de la Guardia en los jardines vaticanos

Dios quiso que vivamos en sociedad, por eso las opiniones ajenas tienen importancia para nosotros, y normalmente debemos preocuparnos de mantener una buena reputación ante otras personas.

Pero la importancia de la opinión ajena no puede ser desmedida ni debe contrariar los designios de Dios. Muchísimo más importan la obediencia que debemos a Dios y la opinión que Dios tiene de nosotros.

Cuando existe una clara manifestación de un deseo divino, debemos renunciar a la preocupación del “qué dirán”. Habiendo visto a la Santísima Virgen y estando totalmente seguro del pedido que le hizo, Benedetto se dejó influenciar por lo que podrían decir o pensar los otros. Esto es claramente una subversión de la jerarquía de las cosas, pues todos los hombres juntos no valen ni de lejos lo que vale Nuestra Señora.

Además, él se dejó influenciar por una posibilidad o conjetura, no por una certeza. La Santísima Virgen le había prometido que él sería muy ayudado, sin embargo, prefirió creer a quien le insinuó que sería ridiculizado.

El amor de Dios por encima de todo y de todos

Por otro lado, es interesante notar el modo cómo actúa la Madre de Dios.

Benedetto recibió un castigo, pero en seguida éste fue atenuado por una nueva aparición y por una curación milagrosa y maternal, dado que la desatención al pedido no fue iniciativa de él, sino el resultado de una mala influencia.

Esto es muy característico del modo cómo actúa la Santísima Virgen, que como madre amorosa nos recuerda siempre nuestros deberes para con Dios.

Pues aquí se trataba de amar a Dios por encima de todo; en el caso concreto, por encima de la buena o mala fama que eventualmente el pastor podría obtener.

Ciertas personas piensan que el pecado contra el Primer Mandamiento es algo un tanto teórico, y que basta tener este o aquel impulso del corazón, un mínimo sentimiento de vez en cuando, para cumplir con ese mandamiento. No es así, pues el amor a Dios sobre todas las cosas significa especialmente amarlo más que a nuestros intereses y nuestras ventajas.

Pidamos entonces a Nuestra Señora de la Guardia que nos enseñe a cumplir bien este mandamiento, el más importante y fundamental de todos; pues, si lo cumplimos diligentemente, produciremos frutos extraordinarios. Como Benedetto, cuya decisión de atender el pedido de la Santísima Virgen lo llevó a conseguir rápidamente el apoyo y los medios materiales que necesitaba.

 



  




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