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«Tesoros de la Fe» Nº 199

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Santo Tomás Apóstol

El apóstol de la duda, pero también de la decisión

Se volvió célebre por su duda sobre la Resurrección, que compensó con la determinación de morir con el Salvador.

Plinio María Solimeo

La incredulidad de santo Tomás, Caravaggio, 1601 –Óleo sobre lienzo, Galería Sanssouci, Alemania

Los evangelistas muy poco registran de la vida de los doce hombres providenciales por cuyo intermedio la Santa Religión fue predicada en casi todo el mundo civilizado de la época. Con excepción de san Pedro y san Juan Evangelista, los Evangelios nos proporcionan pocos datos a respecto de los demás. Por eso es necesario indagar sobre sus vidas en la tradición eclesiástica y en algunos apócrifos.

Santo Tomás no es la excepción. Nada sabemos de su vida antes de su elección para integrar el Colegio Apostólico, y muy poco de lo que sucedió después.

Sabemos evidentemente, porque nos lo dice el Evangelio, que él era uno de los discípulos que acompañaban al Salvador en su vida pública. Entre ellos, Jesús escogió a “doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el hijo de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariotes, el que lo entregó” (Mt 10, 2-4).

Como uno de los doce, fue enviado en misión para predicar el reino de Dios, aún durante la vida pública del Salvador. Jesús les había dado a ellos poderes extraordinarios, incluso sobre la muerte: “Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios” (Mt 10, 8).

No apenas apóstol de la duda, sino también de la decisión

La primera mención de las Sagradas Escrituras a santo Tomás, fuera de la lista de los Apóstoles, nos lo muestra no apenas como el apóstol de la duda, sino de la decisión. Pues cuando Nuestro Señor, “se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan”, anunció su intención de regresar a Judea para resucitar a Lázaro —lo que representaba un grave riesgo a causa del complot de los fariseos para prenderlo—, “entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: Vamos también nosotros y muramos con él” (Jn 11, 16), mostrando con ello su determinada decisión de dar la vida por Nuestro Señor Jesucristo.

Algunos escritores, basados en este trecho de la Escritura y en los apócrifos, han insistido en que santo Tomás tenía una hermana melliza llamada Lidia; otros afirman que él era hermano gemelo de cierto Eliezer. Eso está en los apócrifos, pero la Iglesia no se pronunció al respecto.

“¿Cómo podemos saber el camino?”

Otra vez santo Tomás aparece en el Evangelio haciendo una pregunta a Nuestro Señor. El Divino Maestro, antes de la última cena, había dicho a los apóstoles: “«Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto»” en mi Persona (Jn 14, 3-7).

Sin embargo, santo Tomás es más conocido por su duda. Cuando Nuestro Divino Redentor, después de la Resurrección, apareció a sus discípulos, Tomás estaba ausente. Al regresar al Cenáculo, “los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo»”. Es decir, ¡dudó por completo! Continúa san Juan: “A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»”, reconociendo así la doble naturaleza, divina y humana, del Redentor.

Algunos exegetas sostienen que el Apóstol haya colocado efectivamente su dedo en las sacrosantas llagas de Jesús, que le dijo: “«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto»” (Jn 20, 24-29).

A respecto de esa duda de santo Tomás, Mons. Duarte Leopoldo y Silva señala: “No por acaso, sino por una Providencia particular, santo Tomás estaba ausente cuando Jesús apareció a los discípulos reunidos. La incredulidad del Apóstol sirvió para confirmar nuestra fe y disipar todas nuestras dudas”.1

La última referencia a santo Tomás en la Escritura también la hace el apóstol virgen, y se dio en el Mar de Tiberíades: “Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces” (Jn 21, 2-6).

Nuestro Señor aparece en el Mar de Tiberíades, Duccio di Buoninsegna, s. XIII – Museo de la Opera del Duomo, Siena (Italia)

Con esta mención, se agotan todas las referencias fidedignas a santo Tomás en la Escritura. El resto corresponde a la Tradición y a algunos apócrifos.

Apostolado en la India

Existe un gran controversia sobre el verdadero campo de apostolado de santo Tomás. Sin embargo, según una antigua tradición —que se apoya en algunos santos, como san Jerónimo—, él murió en la India.

En el Estado de Kerala, en el sudoeste indio, esa tradición no apenas está muy arraigada sino que existen católicos de dos ritos orientales, el Siro-Malabar y el Siro-Malankara, que reclaman su origen en este santo.

Este hagiógrafo estuvo en diversas ocasiones en la región y allí constató que esa tradición es tan antigua, según dicen “como la de que san Pedro murió en Roma”. Vamos a sintetizarla siguiendo los datos de la obra: El Cristianismo en la India antes de la creación de la diócesis de Goa.2

Según esta fuente, que se basa en una tradición firmemente venerada en la Costa Malabar, santo Tomás —después de haber predicado en Media, Persia, Hircania, Bactriana y Partia— desembarcó el año 52 en Cranganor, floreciente puerto de Malabar, más conocido por el nombre de Muziris.

En esa ciudad el Apóstol encontró una colonia de judíos, que convirtió al cristianismo. Lo mismo hizo con muchos hindúes, principalmente brahmanes.

Durante su apostolado en Malabar, santo Tomás fundó siete iglesias en la región, de algunas de las cuales aún nos muestran posibles restos. Y confiando la nueva cristiandad a un obispo y a sacerdotes por él ordenados, pasó a la Costa del Coromandel, del otro lado del subcontinente indio, en el actual Estado de Tamil Nadu.

Allí también operó innumerables conversiones hasta que, en el año 72, fue martirizado en la ciudad de Meliapor, traspasado por una lanza.

En efecto, el Martirologio Romano conmemora el 21 de diciembre, en la ciudad de Calamina, “el triunfo de santo Tomás Apóstol, que predicó el Evangelio a los Partos, Medos, Persas e Hircanos; y habiendo llegado por fin hasta la India, e instruido a aquellas gentes en la religión cristiana, por orden del rey murió alanceado”.

“Esta tradición, desde tiempos antiguos, se encuentra ampliamente difundida, no sólo en Oriente, sino también en Occidente. Según la Crónica Sajónica, el rey de Inglaterra, Alfredo el Grande, mandó oblatas3 para [las reliquias del] Apóstol, en la India, en 883. Además de eso, antiguos escritores y Padres de la Iglesia, desde el siglo III —entre ellos Doroteo, Hipólito, Efrén, Siro, Ambrosio, Paulino, Jerónimo, Gregorio de Tours y otros— antiquísimos calendarios eclesiásticos, martirologios y liturgias de diversas iglesias orientales, y también atestiguado por viajeros europeos que visitaron la India antes del descubrimiento de la ruta marítima por los portugueses, desde Marco Polo, de Venecia, en el siglo XIII”.

Aún según estos autores, a mediados del siglo III, algunos mercaderes extranjeros llevaron la mayor parte de las reliquias del apóstol a Edesa. En efecto, “el año 232, las reliquias del apóstol Tomás fueron traídas de Meliapor, en la India, ocasión en que sus Actos en siríaco fueron escritos”.4 Lo cual es asimismo confirmado por el Martirologio Romano, el día 3 de julio: “En Edesa de Mesopotamia, la Traslación de santo Tomás Apóstol desde la India; cuyas reliquias fueron después llevadas a Ortona, en el Abruzo”, donde permanecen hasta hoy.

Martirio de santo Tomás (detalle), Peter Paul Rubens, c. 1636 – Óleo sobre lienzo, National Gallery, Praga

Añade esta misma fuente que el P. Francisco de Souza, en su obra Oriente Conquistado, afirma que en 1522 los portugueses de Meliapor quisieron reparar las ruinas de la iglesia que, según la tradición, albergaba las reliquias del Apóstol entonces desaparecidas. Cuando abrieron los cimientos, descubrieron una tumba de piedra y, dentro de ella, “cubiertos de cal y arena, unos huesos de un hombre, blancos como la nieve, el hierro de una lanza todavía encajada en un pedazo de asta”. Encontraron aún un vaso de barro lleno de tierra y con sangre resecada. Afirma el autor, siguiendo testimonios de la época: “No hubo cristiano, moro, o gentil, que dudara que aquellos eran los huesos del glorioso Apóstol santo Tomás”. Son estas las reliquias del apóstol veneradas actualmente en la India.

*     *     *

Fui en peregrinación a ese santuario, situado en el monte Santo Tomás, en los alrededores de Madras (hoy Chenai).

Para llegar a la cima del monte, hay una rampa con 134 peldaños, intercalados con espacios planos donde están los catorce pasos del Via Crucis. De lo alto donde está la iglesita, se tiene una vista panorámica de 360 grados.

La iglesia está dedicada a Nuestra Señora de la Expectación, a pesar de que en el cuadro de la Virgen está representada con el Niño Jesús en los brazos. Como referido anteriormente, fue construida por los portugueses en 1522, en sustitución de otra capilla erigida por los armenios el año 530. Aquellos inmigrantes, que hacía siglos se habían trasladado en sucesivas oleadas a la India, eran católicos. Uno de ellos, Petrus Uscan, al adquirir una buena fortuna, fue quien construyó en 1726 la rampa de acceso al monte.

El altar mayor de la iglesia es de estilo barroco portugués. En él se ve una cruz de piedra esculpida en la roca, sin el Cristo, atribuida a santo Tomás. El cuadro de Nuestra Señora de la Expectación, según la tradición, fue traído por este apóstol y sería uno de los pintados por san Lucas.

En la basílica de Meliapor, consagrada al Apóstol y ya dentro de la ciudad de Madras, está el relicario con las reliquias que permanecieron en la India. Toda blanca y en estilo neogótico, fue en esta basílica prácticamente a la orilla del mar que veneramos las reliquias consideradas como las de santo Tomás.

A pesar de que en el Martirologio Romano conste su nacimiento al cielo el día 21 de diciembre, su fiesta fue fijada para el día 3 de julio, aniversario de la traslación de sus reliquias aEdesa.

Reliquias de santo Tomás en la catedral de Ortona

 

Notas.-

1. Concordancia de los Santos Evangelios, Esc. Tip. Salesiana, São Paulo, 1903, 1ª edición, p. 386, nota 1.

2. In Memoria Histórico-Eclesiástica de la Arquidiócesis de Goa, en conmemoración del cuatricentenario de su erección canónica 1533-1933, Tip. La voz de S. Francisco Xavier, Nueva Goa, India, 1933.

3. Todo cuanto se ofrece a Dios o a los santos en la iglesia.

4. https://en.wikipedia.org/wiki/Edessa.



  




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Nº 204 / Diciembre de 2018

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