El Perú necesita de Fátima No temáis soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.
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«Tesoros de la Fe» Nº 200

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“Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”

(Rom 5, 20)

¿NO SE DIRÍA QUE el enemigo está más fuerte que nunca, y que nos aproximamos de aquella era, soñada por los iluministas hace tantos siglos, de naturalismo científico crudo e integral, dominado por la técnica materialista; de la república universal ferozmente igualitaria, de inspiración más o menos filantrópica y humanitaria, y de cuyo ambiente sean barridos todos los resquicios de una religión sobrenatural?

Sí. Y la proximidad de ese peligro es hasta mayor de lo que generalmente se piensa. Pero nadie presta atención a un hecho de importancia primordial. Es que mientras el mundo va siendo modelado para la realización de ese siniestro designio, un profundo, un inmenso, un indescriptible malestar se va apoderando de él. Es un malestar muchas veces inconsciente, que se presenta vago e indefinido incluso cuando es consciente, pero que nadie osaría contestar.

Se diría que la humanidad entera sufre violencia, que está siendo puesta en una horma que no conviene a su naturaleza, y que todas sus fibras sanas se contuercen y resisten. Hay una aspiración inmensa por otra cosa, que aún no se sabe qué es. Pero, en fin —hecho tal vez nuevo desde que comenzó, en el siglo XV, la declinación de la civilización cristiana—, el mundo entero gime en las tinieblas y en el dolor, precisamente como el hijo pródigo cuando llegó a lo último de la vergüenza y de la miseria, lejos del hogar paterno. En el mismo momento en que la iniquidad parece triunfar, hay algo de frustrado en su aparente victoria.

La experiencia nos muestra que de descontentos así nacen las grandes sorpresas de la historia. En la medida en que la contorsión se acentúe, se acentuará también el malestar. ¿Quién podrá decir qué magníficos sobresaltos de ahí pueden provenir?

En el extremo del pecado y del dolor, está muchas veces para el pecador, la hora de la misericordia divina

 

Plinio Corrêa de Oliveira in Fátima: ¿Mensaje de tragedia o de esperanza?, El Perú necesita de Fátima, Lima, 2017, p. 149-150.



  




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Tesoros de la Fe


Nº 222 / Junio de 2020

El Santísimo Sacramento
La Solemnidad del Corpus Christi

Bendición con el Santísimo en la Fiesta del Corpus Christi, Colegio Tajamar, Madrid, 2017(Foto: Álvaro-García-Fuentes)



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Santoral

7 de julio

San Fermín, Obispo y Mártir

+303 Amiens - Francia. Fue un misionero cristiano primer obispo de Amiens cuya iglesia construyó. Nació en Pamplona (Navarra) en el año 272 y murió en Amiens (Francia), el 25 de Septiembre del año 303. Fue decapitado a los 31 años. Es patrón de Amiens, Lesaca, y Co-patrón de Navarra junto a San Francisco Javier . Tras predicar en Navarra, marchó a Francia, donde se asentó en Amiens. Habiendo organizado la construcción de la iglesia local, fue nombrado obispo a los 24 años. Volvió a Pamplona como obispo y murió decapitado en Amiens, lugar donde bautizó a más de 3.000 personas. La oposición oficial a la doctrina cristiana, le granjeó la cárcel, donde, tras negarse a cesar su prédica, fue decapitado.



San Panteno, Confesor

+Siglo II Alejandría. “Varón apostólico, repleto de sabiduría, tan grande era su celo y amor por la palabra de Dios que, abrasado de fe y piedad, salió a predicar el Evangelio de Cristo a los pueblos que habitaban los más remotos confines del Oriente” (del Martirologio Romano)








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