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«Tesoros de la Fe» Nº 62 > Tema “Objeciones más frecuentes”

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¿Con el progreso de la ciencia, las cuestiones religiosas quedarían atrás?


PREGUNTA

¿Por qué las religiones aún importan? Muchos decían que, con el progreso de la ciencia, las cuestiones religiosas quedarían atrás.


RESPUESTA

La verdadera Religión sirve para ligar —del latín religare— el hombre a Dios. La creencia de que el progreso de la ciencia dejaría la Religión “atrás” es consecuencia de una ignorancia crasa, cuando no de mala fe. En primer lugar, había la persuasión —hoy prácticamente abandonada— de que los descubrimientos de la ciencia serían suficientes para explicar todos los fenómenos del universo. No habría, por lo tanto, la necesidad de Dios para justificar la existencia del mundo. En segundo lugar, había la esperanza de que el progreso tecnológico acarreado por los avances de la ciencia sería capaz de satisfacer todas las necesidades del hombre, no sólo dilatando la vida humana sino hasta venciendo la propia muerte.

En verdad, esta persuasión es totalmente falsa: ya sea en el campo teórico —pues el alcance de la ciencia, por más fabulosos que hayan sido sus progresos, es claramente limitado—, como en el campo práctico, dado que por más que la vida humana sea prolongada, habrá un momento en que el hombre fatalmente se deparará con la muerte.

Analicemos estas afirmaciones que acabamos de hacer.

Algunos científicos presumen que los progresos de la ciencia han hecho retroceder el momento en que los creyentes en la existencia de Dios colocan el instante del acto de la creación. Este retroceso en la edad del universo de hecho corresponde a la realidad y, si fuera auténtico, podría representar un avance de la ciencia. No obstante, un espíritu sensato percibirá que no es posible proceder de este modo ad infinitum, porque siempre será necesario explicar cómo surgió el núcleo inicial de ese universo que allí está. A menos que se admita, como los gnósticos, que el universo sea inmanente, esto es, que él se dio origen a sí mismo, lo cual es un absurdo total.

Por eso, no todos los científicos se cierran a la existencia de Dios, habiendo un numeroso contingente de ellos, de gran renombre, que colocan a Dios al inicio de todas las cosas, según el relato bíblico inspirado por el Espíritu Santo: “En el principio, creó Dios el cielo y la tierra” (Gen. 1, 1).

Analizada así la cuestión del punto de vista teórico, más fácil aún es reconocer las limitaciones de la ciencia en atender en la práctica las necesidades vitales del hombre.

Los más optimistas hablan en dilatar el límite normal de la vida humana a los 120 años. ¿Y después?

Después... ¡es necesario explicar lo que viene después!

Ése es el papel de la Religión: indicar el sentido de la vida presente; que la separación entre el alma y el cuerpo, por la muerte, es provisoria; y que el hombre se recompondrá (resucitará) en vista de una vida futura de bienaventuranza eterna, para los buenos, y de castigo eterno, para los malos. Buenos y malos que serán tales, no conforme nuestros juicios humanos, sino según el Juicio de Dios.

El hecho es que se asiste hoy por todo el mundo a un revivir de un saludable sentimiento religioso, que muestra la inanidad de aquella creencia ciega en el progreso de la ciencia y de la tecnología. Y de allí el volverse a la Religión.

En este punto no podemos dejar de hacer notar que la pregunta pone en foco a “las religiones”, en plural, y que la presente respuesta recalca con insistencia “la Religión”, en singular, o sea, la Religión verdadera, Católica, Apostólica y Romana, por ser la única instituida directamente por Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios.     





  




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Tesoros de la Fe


Nº 219 / Marzo de 2020

El Juicio de Jesucristo
Injusticia suprema

Ecce Homo!, Antonio Ciseri, 1891 – Óleo sobre tela, Galleria d’Arte Moderna di Palazzo Pitti, Florencia, Italia



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San Juan Clímaco, Confesor

+605, d.C. + Monte Sinaí. Ingresando a los 16 años en el monasterio situado en ese monte, lo dejó más tarde para vivir en mayor soledad. A los 75 años fue llamado de vuelta y elegido abad. Su libro Clímax o Escala de la Perfección, del cual proviene el sobrenombre de Clímaco, fue una de las obras más apreciadas en la católica Edad Media.








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