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«Tesoros de la Fe» Nº 102 > Tema “Grandes Devociones”

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Corpus Christi

La Fiesta del Sol de Justicia


Pablo Luis Fandiño


Ostensorio del corporal y de la hostia del milagro eucarístico de Bolsena, que se conserva en la catedral de Orvieto


En el siglo XIII, una admirable mística flamenca, Santa Juliana de Mont Cornillon, religiosa en Lieja, actual Bélgica, tuvo repetidas visiones de una luna brillante en la cual una franja que la dividía en dos permanecía misteriosamente a oscuras. Nuestro Señor le reveló más tarde que la luna simbolizaba el calendario de fiestas de la Iglesia y que la parte a oscuras se debía a la falta de una fiesta específica para honrar su Presencia Real en el Santísimo Sacramento.

La santa transmitió el recado al obispo de Lieja, Roberto de Torotte, y entre otras personas al entonces arcediano de la catedral, Jacques Pantaleón, quien más adelante desempeñaría un papel clave en el establecimiento de esta festividad. En 1246 el obispo convocó a un sínodo y dispuso la realización de la fiesta al año siguiente. Así, por vez primera, la solemnidad del Corpus Christi fue celebrada en 1247, por los canónigos de la catedral de San Martín de Lieja. Grandes contrariedades tuvo que sufrir Santa Juliana para alcanzar su objetivo. Aunque no llegó a ver completamente realizados los pedidos de Nuestro Señor, pues la muerte la sorprendió el 5 de abril de 1258, dejó sin embargo establecidas las bases para su aprobación.

En 1261 Jacques Pantaleón, sucesivamente obispo de Verdún y Patriarca de Jerusalén, es elevado al solio pontificio con el nombre de Urbano IV. Fue en tales circunstancias que el nuevo obispo de Lieja, Enrique de Guelders, a instancias de seguidoras de Santa Juliana, pidió al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.

El milagro eucarístico de Bolsena

En aquella época, en que se difundían por Europa diversas herejías que negaba la Presencia Real en la Eucaristía, un sacerdote oriundo de Bohemia llamado Pedro de Praga, que tenía dudas al respecto, resolvió peregrinar a Roma para fortalecer su fe. De paso por Bolsena, mientras celebraba la Santa Misa en la cripta de Santa Cristina, recibió una contundente respuesta del Cielo.

Terminada la Consagración, en el instante de la fracción de la Hostia, un chorro de Sangre comenzó a manar de la Sagrada Forma, inundando el cáliz, empapando los corporales y manteles. El celebrante, desconcertado, intentó recoger aquella Sangre en sus manos, pero ella seguía brotando incontenible... Pedro de Praga creyó…

Santa Juliana de Mont Cornillon


La noticia llegó hasta Orvieto, a 30 km de distancia, donde se encontraba la Corte Pontificia. Una comisión teológica presidida por San Buenaventura confirmó la veracidad del milagro. El extraordinario suceso determinó al Papa Urbano IV a instituir la solemnidad del Corpus Christi, para reparar los sacrilegios y blasfemias cometidos contra el Santísimo Sacramento y combatir la falta de fe en la Presencia Real. Mediante la Bula Transiturus del 11 de agosto de 1264, ordenó su celebración el día jueves siguiente a la octava del domingo de Pentecostés para todo el orbe católico.

El Pontífice encargó nada menos que a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico propio y la creación de cantos e himnos para celebrar a Jesús Eucaristía. Aún hoy recordamos con nostalgia las melodías del “Tantum Ergo”, “O Salutaris Hostia”, “Pange Lingua”, o el maravilloso “Ave Verum”, que tanta falta hacen en nuestros templos durante las celebraciones dominicales.

Durante el Concilio de Vienne, en 1311, el Papa Clemente V ordenó la definitiva adopción de esta magna celebración.

Desde entonces, a partir de Europa la fiesta se extendió al mundo entero. En España cobró particular realce la procesión con el Santísimo. Hasta el día de hoy es célebre con gran aparato en Toledo, Sevilla y Granada.

América católica, América eucarística

A partir de la conquista y evangelización de América, los peninsulares implantaron en el nuevo continente la religión católica, con sus dogmas y sus santos, con su liturgia y sus celebraciones, con su piedad y sus costumbres.

En el Perú la devoción a la Sagrada Eucaristía llegó junto con el Evangelio. Pero la implantación de las festividades religiosas sólo pudo ser posible una vez que se aquietaran las armas, no de la conquista propiamente dicha, sino de las cruentas guerras civiles que estuvieron a punto de echar a perder todo esfuerzo de civilización. Fue pues a mediados del siglo XVI en que probablemente se festejó por vez primera el Corpus Christi en la tierra de los Incas.

De esta primera época nos dejó un imperecedero recuerdo el Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), el célebre literato mestizo autor de los Comentarios Reales de los Incas. Aunque las siguientes líneas fueron escritas el año 1611, ellas evocan los días de su adolescencia, cuando su padre D. Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas ocupaba el máximo cargo de Corregidor del Cusco (1554-56):

“Había en aquella ciudad cerca de ochenta vecinos, todos caballeros nobles, hijosdalgo, que por vecinos se entiende los señores de vasallos, que tienen repartimientos de indios. Cada uno de ellos tenía cuidado de adornar las andas que sus vasallos habían de llevar en la procesión de la fiesta. Componíanlas con seda y oro y muchas ricas joyas, con esmeraldas y otras piedras preciosas. Y dentro en las andas ponían la imagen de Nuestro Señor o de Nuestra Señora o de otro Santo o Santa de la devoción del español o de los indios, sus vasallos. Semejaban las andas a las que en España llevan las cofradías en tales fiestas. Los caciques de todo el distrito de aquella gran ciudad venían a ella a solemnizar la fiesta, acompañados de sus parientes y de toda la gente noble de sus provincias. Traían todas las galas, ornamentos e invenciones que en tiempo de sus Reyes Incas usaban en la celebración de sus mayores fiestas… Con las mismas (aumentadas todo lo más que podían) celebraban en mis tiempos la fiesta del Santísimo Sacramento, Dios verdadero, Redentor y Señor Nuestro. Y hacíanlo con gran contento como gente ya desengañada de las vanidades de su gentilidad pasada”. 1

El P. Pedro de Praga consagra la Sagrada Hostia en que se opera el milagro eucarístico. La Misa de Bolsena, Rafael, 1512 – Catedral de Orvieto, Italia



Auge de las cofradías y suntuosidad de las procesiones

Al tratar de la consolidación del Perú católico y del manifiesto papel de las cofradías, el sacerdote jesuita Enrique Fernández García afirma categóricamente que: “En el compromiso de los cristianos para practicar la piedad y rendir culto a Dios, obtuvo el primer puesto la devoción a la persona divina de Jesucristo y a su presencia real en la Eucaristía. Tal fue la primera cofradía de la Iglesia en el Perú como fruto primerizo de la extraordinaria devoción popular: Cristo en la Cruz y Cristo presente en el Sacramento por antonomasia, el Santísimo Sacramento, en dos palabras y aún más expresivamente en una: el Santísimo”. 2Según datos de 1619, antes de cumplirse el primer centenario de la evangelización, existían más de cincuenta cofradías sólo en los límites de la arquidiócesis limense, que abarcaba entonces desde Santa al norte hasta Acarí al sur, y Huánuco al oriente.

“El culto fue también un medio de apostolado, pues la solemnidad de la liturgia atrajo especialmente a los indios. Gustaban extraordinariamente a los indios los cantos y la música a causa de la tradición de sus ‘haravicus’, ‘haillis’ y ‘yaravíes’. […] Se prodigaron las procesiones con música y canto. Durante la Semana Santa alcanzaban su máximo esplendor en Lima y en el Cusco, así como en las fiestas de Santiago Apóstol y la Asunción de la Virgen. Y en todas las poblaciones la procesión del Corpus…” 3

Los evangelizadores del Cusco se propusieron erradicar la costumbre, arraigada entre los indios, de sacar en procesión las momias de los Incas así como huacas o ídolos en medio de bailes macabros y seguidos siempre de grandes borracheras y desórdenes. Buscaron pues reemplazar dichos hábitos bárbaros, y encontraron ocasión para ello en las solemnidades de la fiesta del Corpus Christi, a la que revistieron de un esplendor, una gala y una grandiosidad según algunos no vista ni en Europa… Y empieza a hacerse tan célebre, que llegan al Cusco imágenes venidas de toda la América Española, desde Tucumán hasta Nicaragua, para acompañar la procesión del Santísimo Sacramento.

La Cofradía de San Cristóbal, óleo de la colección del Corpus Christi, atribuido a Diego Quispe Tito, siglo XVII – Museo de Arte del Cusco



En el Cusco como en Sevilla, y en otras ciudades donde la tradición es fuerte, el Corpus Christi se sigue celebrando en su día. En el resto del mundo se conmemora actualmente el domingo siguiente a la festividad de la Santísima Trinidad.     


Notas.-

1. Historia General del Perú, Librería Internacional del Perú, Buenos Aires, 1959, 2ª parte, libro octavo, pp. 783-785.
2. Perú Católico, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2000, p. 251.
3. Idem., p. 129.



  




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