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«Tesoros de la Fe» Nº 139

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Las muletas digitales no son la solución


Víctimas de una sociedad sin principios ni moral, adolescentes buscan refugio en la parafernalia digital y acaban perdiendo el rumbo de sus vidas. La solución, no obstante, está fuera y por encima de la tecnología.


Ha sido ampliamente comentada la espantosa decadencia de la enseñanza en los colegios, fruto de diversos motivos, entre los cuales: las clases mixtas, la estatización de los currículos y la introducción en ellos de temas sexuales, el igualitarismo entre profesores y alumnos, el permisivismo moral; para solo citar algunos de ellos.

Ante esta calamitosa situación, algunos han propuesto como remedio, o al menos como paliativo, que se proceda a una creciente inserción de recursos de la informática entre los alumnos. Computadoras, celulares, smartphones, iPods, tablets y no sé qué más, facilitarían la concentración en las tareas escolares, además de permitir una búsqueda rápida y eficiente en las redes sociales, como Facebook, Twitter y otras del género. ¡Tamaña equivocación!

Bips, vibraciones, luces… adiós a la atención

Una encuesta del Pew Internet American Life Project entrevistó a 2,462 profesores de enseñanza básica y media en los Estados Unidos y concluyó que “la vasta mayoría concuerda en que las actuales tecnologías están creando una generación que se distrae con facilidad y sólo consigue concentrarse por breves intervalos de tiempo”. Ellas contribuyen más para distraer a los alumnos que para mejorar su desempeño escolar.

Comentando la encuesta, Larry Rosen, profesor de psicología de la Universidad de California, dice: “Recientemente, mi equipo de investigación observó a 263 alumnos de enseñanza media y superior estudiando en casa durante quince minutos. Cada minuto, anotábamos lo que ellos hacían: si estaban estudiando, intercambiando mensajes por celular, si había un aparato de música o un televisor encendido, si estaban frente a una computadora y qué páginas visitaban. Verificamos que ellos sólo conseguían dedicarse a las tareas por períodos de tres a cinco minutos, en promedio, antes de perder la concentración. De modo general, la distracción era causada por la tecnología, incluyendo: 1) la presencia de dispositivos, como iPods, laptops y smartphones, en el lugar de estudio; 2) los intercambios de mensajes de texto; 3) los accesos a Facebook”.

“Los alumnos que entraban en Facebook una vez, en los quince minutos, tenían las notas más bajas. Eso significa que las redes sociales afectan negativamente la concentración y la atención temporales, y también el desempeño escolar”.

Al ser encuestados, miles de estudiantes “dijeron que, alertados por un bip, una vibración, una luz intermitente, se sienten compelidos a responder a ese estímulo. Dijeron que son perturbados por pensamientos como: ‘¿Será que alguien comentó el post que dejé en Facebook?’. O también: ‘¿Será que mi amigo respondió el SMS que le mandé hace cinco minutos?’”.

“Tres cuartas partes de los adolescentes y jóvenes chequean los dispositivos cada quince minutos o menos, y, cuando no pueden hacerlo, quedan extremamente ansiosos. Y la ansiedad inhibe el aprendizaje”.

Desnudez, soledad, pérdida de control

Una nueva encuesta del portal educacional.com.br, que hizo un mapa del comportamiento de cuatro mil estudiantes brasileños de 13 a 17 años, de 60 colegios particulares de todo el Brasil, nos proporciona detalles pavorosos:

“Uno de los datos más preocupantes es que el 6% de ellos ya aparecieron desnudos o semidesnudos en fotos en la red y el mismo porcentaje ya mostró partes íntimas de su cuerpo a desconocidos por medio del webcam. Otro 3% ya pensó en exhibirse de esa manera”.

Una escolar de quince años, permanece “cerca de seis horas diarias frente a la computadora de su casa, sin contar los ingresos al internet del celular durante el intervalo de las clases en el colegio. No es raro que la joven altere el tiempo reservado al sueño de madrugada, para ver un video publicado por algún amigo o para postear en Twitter”.

Un joven de la misma edad, “cuenta que uno de sus amigos recibió de una chiquilla una foto de ella desnuda. Pensaba que era una forma de atraerlo, pero el asunto no pasó de una broma entre amigos”.

Otra chica de trece años cuenta que varias de sus amigas se expusieron de esa manera. “Algunas querían aparecer y otras atendieron el pedido de su enamorado. El problema es que eso siempre se difunde y ellas se acaban arrepintiendo”.

Para Carmen Neme, profesora del programa de posgrado de psicología de la Universidad del Estado de São Paulo (Unesp), “la cuestión es que los adolescentes están solos. Nunca se vivió de modo tan solitario como ahora. Los padres están lejos e internet parece suplir su ausencia”.

César Marconi, director pedagógico del colegio Mary Ward, comenta: “Hay alumnos que llegan muriéndose de sueño y no consiguen concentrarse. Al ser interrogados al respecto, dicen que no durmieron porque se quedaron navegando en internet toda la noche. Al ser convocados los padres o apoderados —dice Marconi— ocho de cada diez afirman que están al tanto de esa rutina. Pero admiten que ya no consiguen controlar a sus hijos”.

Otra encuesta difundida por la Fundación Telefónica —que realizó un mapa del comportamiento de niños y jóvenes frente a las pantallas de la computadora, del celular y de la televisión— “mostró que el 58,6% de los niños y el 76,5% de los jóvenes acceden a la red solos. La computadora, reveló la encuesta, se ubica preferentemente en el cuarto del niño (37,6%) o del adolescente (39,3%). En cuanto a la orientación, el 31,7% de los jóvenes declararon que sus padres no suelen hacer nada en relación con las actividades que desarrollan en internet”.

Solución correcta y admirable

No pasa de una perniciosa ilusión la idea de que el mundo moderno podrá traer respuestas “mágicas” para los problemas que él mismo creó. Ellas sólo agravan la situación.

Claro está que un determinado número de jóvenes utiliza bien los recursos tecnológicos, no apenas para enriquecer sus conocimientos, sino también para luchar contra los males del mundo revolucionario, combatiendo el aborto, el laicismo y otras llagas contemporáneas. Ellos merecen nuestro aplauso y apoyo, sin embargo, constituyen una minoría.

La solución para una juventud estropeada por los desvaríos modernos no está en ofrecerle muletas digitales. Los males que padecen los jóvenes provienen de una sociedad gangrenada por la falta de principios sanos y que colocó en los placeres de la vida la meta de toda existencia terrena.

En otras palabras, sin una reforma de las costumbres según los parámetros de la moral católica tradicional no se volverá a gozar —nos referimos a la sociedad considerada globalmente— de la sanidad mental y psicológica de otrora.

El lector preguntará: ¿una reforma moral es aún posible, o no pasa de una quimera bienintencionada? Si detenemos nuestra mirada en los estrechos límites trazados por las fuerzas meramente humanas, de hecho, no se ve una solución en el horizonte.

Pero si sondeamos el Corazón Inmaculado de María —que llora por nuestros desvaríos con el deseo inmenso de remediarlos— es posible alcanzarlo todo. Con tal que tengamos plena confianza en la acción poderosa de sus lágrimas y estemos dispuestos a sufrir todo lo que sea necesario, según el panorama trazado por Ella misma en Fátima. Ésa es la solución correcta y admirable. 


Fuentes de consulta.-

www.pewinternet.org/Reports/2013/Teachers-and-technology.aspx
www.educacional.com.br



  




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