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«Tesoros de la Fe» Nº 144 > Tema “Devociones surgidas en otros lugares del Nuevo Mundo”

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Nuestra Señora del Valle de Catamarca


El desvelo de María Santísima por los indígenas en América Latina es prodigioso, como lo abonan numerosas apariciones y milagros. Para humillación del indigenismo revolucionario, la Virgen apoya, protege y defiende a los indios que aceptan la verdadera fe, y combate a aquellos que insisten en permanecer en las tinieblas de la idolatría pagana.


Valdis Grinsteins

La predilección de la Santísima Virgen por los indios es notoria. Basta pensar en las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, en México, Nuestra Señora de Coromoto, en Venezuela, Nuestra Señora de Las Lajas, en Colombia, y tantas otras. ¿Por qué esta predilección? Porque una madre siempre se desvela por aquellos de sus hijos que más la necesitan. Ahora bien, dada la triste condición espiritual en que se encontraban nuestros indios en la época de los descubrimientos, sumergidos en las tinieblas del paganismo, se explica la solicitud de la Madre de Dios para convertir y auxiliar a éstos, sus hijos del Nuevo Mundo.

Pero, ¿por qué insistimos en este punto? Porque, hoy en día, ciertos indigenistas de izquierdas, imbuidos del espíritu de la lucha de clases, pretenden manipular a los “indios” lanzándolos contra los “blancos”, y para ello procuran revivir costumbres paganas y religiones fetichistas. Y esto en todos los países de América Latina. De ahí la importancia de mostrar cómo históricamente María Santísima ayudó muchísimo a los indígenas, pero siempre buscando su conversión a la verdadera fe y su integración a la civilización cristiana.

Un bello ejemplo de ello lo constatamos en la historia de Nuestra Señora del Valle de Catamarca, Argentina.

La imagen milagrosa prefiere quedarse entre los indios

Alrededor de 1542, los españoles comenzaron a civilizar el noroeste argentino, donde se encuentra el Valle de Catamarca. Diferentes expediciones recorrieron el país y fundaron pueblos, donde se fueron estableciendo sacerdotes y pobladores católicos, empeñados en hacer apostolado con los indios de la región. Entre los cuales se destacaban los calchaquíes, que no tardaron en convertirse a la santa religión católica. Poco después, los naturales comenzaron a venerar una imagen de la Santísima Virgen que se encontraba en la gruta de Ambato, cerca del poblado de Choya. Era una imagen de mármol, de 42 centímetros de altura, que representaba la Inmaculada Concepción.

¿Cuál es el origen de la imagen? Esto es objeto de apasionados debates hasta hoy. Unos suponen que la haya traído San Francisco Solano, quien predicó misiones en aquellos parajes. Otros juzgan que fueron los padres jesuitas. Entre los indios de la región era creencia general que la había hecho el propio Dios y la colocó en la gruta de Ambato.

Los españoles tomaran conocimiento de la existencia de la imagen en 1630 cuando uno de los indios comunicó el hecho a Don Manuel de Salazar, administrador del Valle y defensor de los indígenas. Este caballero, buen cristiano y de origen noble, actuó como lo debe hacer una verdadera autoridad en estos casos: de modo discreto pero eficaz. Fue a verificar si era procedente la comunicación, pues temía que los indios estuviesen adorando algún ídolo. Al confirmar que no había nada de pagano en aquella devoción, intentó convencer a los indios que llevasen la imagen a la ciudad de los españoles. Éstos, sin embargo, no lo quisieron. Hasta llegaron a montar guardia delante de la imagen, para evitar cualquier problema. Finalmente, al ver que la imagen sonreía y reflejaba una luz en la mirada, consintieron en el traslado. Fue entonces llevada a un altar improvisado, en la casa del propio Salazar, donde empezó a obrar prodigios.

Pero la Virgen, añorando a sus indios, huyó a la primitiva gruta. Los españoles primero pensaron que los indios se la habían llevado, pero después comprobaron que ellos nada tenían que ver con la desaparición. La llevaron de regreso a la ciudad, pero la imagen regresó reiteradamente a la gruta.

Esto duró hasta que le fue edificada una iglesia a la milagrosa imagen, habiéndose destacado especialmente los indios en su construcción.

Disgusto con la apostasía de los indios

Basílica Catedral de Nuestra Señora del Valle, San Fernando de Catamarca

Lamentablemente, el corazón humano es inconstante. ¿Quién diría que la tribu de los calchaquíes, para la cual la imagen había aparecido, se transformaría en una de las más terribles enemigas de la civilización católica en la región? Cumplir los Mandamientos divinos es difícil. A veces, personas recién convertidas a la verdadera fe progresan en la vida espiritual, pero después abandonan la práctica de la virtud y se vuelven peores de lo que eran antes de la conversión — “Cuanto mayor la altura, mayor la caída”…

Con la perversión de los calchaquíes, la imagen de Nuestra Señora volvió a desaparecer de la iglesia, pero no para apoyarlos en su insurrección contra los católicos. Todo lo contrario: para mostrarles su disgusto con la apostasía. Los documentos de la época dan testimonio de que los más terribles combates de la rebelión indígena coinciden con nuevas desapariciones de la imagen, la cual volvía a la iglesia con el manto lleno de polvo, salpicado de barro, con pequeñas hojas adheridas y el rostro ruborizado.

Fue especialmente notoria la aparición de Nuestra Señora a los indígenas en 1658, durante el ataque a la ciudad de Valle Viejo y al fuerte San Bernardo. Diez años después de la ofensiva, para conmemorar la victoria, algunos prisioneros fueron llevados por los españoles a la iglesia donde se encontraba la imagen. Los indios comenzaron entonces a gritar y a pedir que los sacaran del templo. ¿Por qué razón? Al mirar el rostro de la imagen, reconocieron a la “guerrera que vimos en muchas batallas”. Estaban aterrorizados.

¡Qué triste transformación! Tan amados por la Virgen, al punto que Ella dejó a otros hijos para permanecer junto a sus hijos indígenas. Y después tan infieles, al punto de aterrorizarse con Ella.

Tal hecho debe servirnos de tema de meditación: si eso ocurrió en aquella época con indígenas, lo mismo puede ocurrir hoy con los católicos que apostatan de su fe, adoptando una falsa religión o entregándose al neopaganismo. Meditemos sobre ello a tiempo, a fin de evitar que tantas devociones de Nuestra Señora que protegen a nuestro país se aparten de nosotros. Y también para que no lleguemos a la penosísima situación de atemorizarnos en su presencia.

Socorro maternal con sus hijos fieles

Pero si nos mantenemos fieles y no relativizamos nuestra fe, podremos presenciar milagros como el ocurrido a un devoto de Nuestra Señora de Catamarca. Después de recuperar la salud gracias a la intercesión de la Virgen del Valle, decidió hacer una peregrinación hasta su Santuario, para agradecer el favor recibido. Al llegar a la región de Salinas, seca por excelencia, le faltó agua. Estaba a punto de morir, cuando encontró un jarro de plata lleno de agua. Grande fue su sorpresa, pues encontrar agua ya habría sido un milagro, pero prodigio mayor era encontrarla en un jarro de plata de gran valor en pleno desierto. Decidió entonces llevarlo al Santuario, en agradecimiento a la Santísima Virgen. Cuál no fue su sorpresa cuando, al entrar en la sacristía tomó conocimiento que ese mismo jarro había desaparecido misteriosamente del Santuario, el mismo día en que él se encontraba en el desierto…

Pensemos en estos hechos: algunos tenían todo y todo lo perdieron a causa del pecado; otro, que nada tenía y estaba en las puertas de la muerte, fue salvado por la devoción a la Virgen. Seamos como ese hijo fiel y lleno de confianza en la poderosa intercesión de María.         

Bibliografía.-

* Pablo B. García F.M.S., María, Reina y Madre de los Argentinos, Gram, Buenos Aires, 1980.
* Rubén Vargas Ugarte S.J., Historia del Culto de María en Iberoamérica, Jura, Madrid, 1956.



  




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