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«Tesoros de la Fe» Nº 227

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El Castillo de la Garza Blanca

Delicado y noble, una obra de ensueño

Plinio Corrêa de Oliveira

Estamos ante una fortaleza feudal del Japón, el Castillo de la Garza. Las murallas, hasta cierto punto, se parecen a nuestros muros virreinales, con sus grandes aleros. Son sólidas y sin ningún adorno. Tienen la poesía de la obra que ha desafiado a los siglos.

En el fondo se proyecta, mucho más alta que las murallas, la fortaleza feudal japonesa. Una construcción tan blanca y delicada, que más parece una obra de ensueño.

¿Este castillo se parece en algo al castillo medieval europeo?

Sí. Aunque en la arquitectura es profundamente diferente del castillo medieval de Europa, lo recuerda en el siguiente aspecto: en la esbeltez del edificio. La característica principal del castillo europeo son sus torres. Aquí no hay exactamente torres. Sin embargo, el papel que juegan los cuerpos de edificios cada vez más pequeños es, al final, el de una torre. La silueta de alguna manera evoca la idea de una torre, es decir, de un cuerpo de edificios que busca escalar los cielos, que se pierde en lo alto, lo que indica elevación de espíritu y grandeza de alma muy acentuadas.

Sin embargo, ¿en qué sentido el Castillo de la Garza es diferente del castillo medieval? Este no tiene, excepto muy raramente, esta gracia. En el castillo europeo, uno tiene la impresión de que pone sus garras en la roca. Se compone de fuertes torres, listas para desafiar el viento y el clima hostil. En el castillo medieval, las murallas están guarnecidas con almenas y torreones para que los guardias circulen, a fin de proteger la muralla contra el adversario. Alrededor de las torres hay un foso con agua y el puente levadizo.

No se nota exactamente eso en el castillo japonés. Todo el cuerpo del edificio parece disociado de la lucha. A primera vista, no se sabe que hay un vigía al acecho día y noche.

El castillo japonés es un edificio delicado y noble, acorde con un pueblo que sueña. Y que garantiza su incolumidad contra el adversario a través de la gruesa muralla que lo rodea. La vida del señor feudal japonés parece algo ajena a la lucha y la defensa. Es un contemplativo, vive en sus delicias, sus contemplaciones, sentado en el suelo, frente a una mesita, vestido con telas preciosas, bebiendo té, en una hermosa taza de porcelana, y pensando, pensando…

 

* La fortaleza feudal de Himeji —en la ciudad del mismo nombre en la prefectura de Hyōgo—, también conocida como Hakuro-jō o Shirasagi-jō (Castillo de la Garza Blanca), data del año 1333 aunque su construcción duró más de doscientos años.



  




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