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«Tesoros de la Fe» Nº 180

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La Madonna dei Fiori

La devoción a Nuestra Señora de las Flores de Bra, más conocida en Italia
como la Madonna dei Fiori, tiene su origen en un hecho inexplicable,
pero comprobado, que se repite desde hace 680 años:
unos arbustos que florecen en pleno inverno.

Valdis Grinsteins

Para mayor tristeza de los que no creen y alegría de los que tienen fe, cada vez más aparecen fenómenos religiosos que la ciencia sólo puede definir como inexplicables.

El papel del científico no es declarar que algún acontecimiento es o no milagro. Eso corresponde a las autoridades religiosas. Su papel es analizar con rigor científico los datos reunidos y verificar si existe o no una explicación desde el punto de vista de las leyes admitidas por la ciencia que él estudia. Un médico especialista en cáncer, por ejemplo, no puede decidir si hubo milagro en determinado caso de curación. Él apenas analiza si una curación que se produjo es posible o probable de acuerdo con la práctica médica. Después de eso él emite un veredicto: tal hecho es explicable; o es inexplicable.

Veamos el ejemplo de un hecho inexplicable de acuerdo con el veredicto de los científicos. Un hecho que se repite hace más de 600 años, y viene siendo analizado de forma científica hace casi 300 años.

Una floración imposible

Como se sabe, en invierno no brotan las flores, y el motivo es simple: la temperatura no permite que ellas florezcan. Cuando nieva, las dificultades para el surgimiento de las flores aumentan aún más. Esto es hasta una banalidad para cualquier persona que viva en regiones con las cuatro estaciones bien definidas.

En Italia existe un arbusto de la familia de las rosas (su nombre científico es prunus spinosa), que alcanza hasta los cuatro metros de altura y es usado frecuentemente para hacer cercos vivos alrededor de los jardines. Florece de marzo a abril, o sea, en la primavera europea. Pero en un lugar de la ciudad de Bra, a una hora al sur de Turín, en Piamonte (Italia), las flores aparecen en diciembre… Es decir, en pleno invierno, y duran alrededor de 20 días; aunque ha sucedido que duren mucho más. Esto ocurre independientemente de si hay o no hay sol, o de si existe poca, mucha o ninguna nieve. Lo que llama aún más la atención, es el hecho de que plantas de la misma especie, cultivadas en las vecindades, no se comportan así; y cuando un tallo de esta planta es llevado a otro lugar, sigue comportándose de modo excepcional.

Estudios científicos sobre la floración imposible de Bra han sido hechos desde 1700 por el Jardín Botánico de la Universidad de Turín. En 1882, Giuseppe Lanvini declaraba que “el fenómeno transciende las leyes físicas y biológicas”, confirmando el parecer emitido en 1817 por Lorenzo Roberto, químico y agrónomo de Alba. En 1974, Franco Montacchini, que después fue director del Jardín Botánico, diagnosticó la pérdida del termoperiodo normal de parte de la planta, y añadió: “Necesitaríamos determinar la causa”. Uno de los más famosos botánicos italianos, de origen español, Augusto Béguinot (1875-1940), después de rigurosas comparaciones de los análisis químicos realizados en plantas comunes de ese género (prunus) y en esta planta prunus extraordinaria (los análisis confirmaron que ellas son idénticas), excluye que el florecimiento en diciembre sea debido a “alguna cualidad específica que se pueda constatar químicamente”. Con humildad concluye: “Como científico, no conozco y no uso la palabra milagro, pero justamente como científico debo decir que las leyes naturales que rigen la vida de las prunus spinosa no son suficientes para explicar este fenómeno extraordinario de una doble floración”.

El milagro…

A esta altura, probablemente, el lector se preguntará: ¿Qué tiene que ver ese fenómeno botánico con la religión? ¿Será acaso un milagro ecológico?

No, nada de eso. Sucede que justamente donde se encuentra esta planta se produjo una manifestación de la Santísima Virgen, el día 29 de diciembre de 1336. En aquella época, numerosos soldados eran contratados como mercenarios, y muchos de ellos no se destacaban por la disciplina ni por la virtud. Y acaeció que una señora, Egidia Mathis, que estaba encinta, fue atacada por dos soldados cuando regresaba a su casa. Al percibir las malas intenciones de ellos, Egidia pidió auxilio a la Madre de Dios ante una imagen muy rústica, pintada y colocada allí cerca en un pequeño nicho. A su alrededor había una planta de prunus spinosa. En ese momento apareció la Virgen, y bastó su presencia y su luminosidad para poner en fuga a los criminales. Egidia, ciertamente impresionada por el peligro inminente, dio a luz en ese momento y en el mismo sitio, en medio del frío. Tomando a su hijo recién nacido, fue a su casa y contó lo que le había sucedido. Al llegar al lugar de los hechos, la gente se sorprendió con lo que vieron: la planta estaba totalmente florida, al contrario de las otras del entorno.

Santuario de la Madonna dei Fiori, en Bra

Como es fácil de imaginar, la noticia llamó mucho la atención. Numerosas personas certificaron el hecho y así germinó una singular devoción a la Santísima Virgen, particularmente porque todos los años se repetía el fenómeno del florecimiento en pleno invierno. En 1626 fue terminada una iglesia en el lugar, a la cual se añadió otra en 1933. Uno de los grandes devotos de esta aparición fue san José Benito Cottolengo.

…inexplicable, pero comprobado

Sería facilísimo para los incrédulos o para los enemigos de nuestra religión, constatar y demostrar alguna falsedad en el caso, si ella existiera. Habiendo la ciencia y la técnica llegado a un gran desarrollo, ellos quedarían encantados en mostrar al mundo un caso de engaño, encubierto bajo la apariencia de un milagro. Podrían, por ejemplo, buscar algún documento histórico que demostrara la existencia de ese fenómeno antes de 1336. No faltarían tales documentos en un país como Italia, que conserva la tradición de guardarlos cuidadosamente desde el Imperio Romano. También podrían realizar otros tipos de pruebas científicas, buscando una explicación natural. Pero sucede que tales pruebas ya fueron realizados. Algunos analizaron el terreno, para verificar si por algún motivo la tierra donde se encuentra la planta es diferente del suelo de los alrededores. No encontraron nada. Otros realizaron pruebas electromagnéticas, pensando que tal vez alguna corriente subterránea pudiera provocar un fenómeno tan extraño. Igualmente quedaron decepcionados. Apenas pudieron constatar, como le cabe a los científicos, que el fenómeno es inexplicable.

Algún lector podrá quedar sorprendido con esta narración. Habituado tal vez con imágenes fantásticas que a todo momento ve en la televisión o en el cine, producidas por efectos especiales, debe extrañar que no haya oído nada a respecto de este milagro. Pero tal sorpresa sería realmente sorprendente, cuando se conoce el cuidado tan especial que los medios de comunicación toman para evitar la divulgación de cualquier hecho o fenómeno que estimule la verdadera fe de los cristianos. A tal punto que las personas honestamente deseosas de conocerlos tienen que recurrir a otras fuentes y medios, como lo hacemos nosotros. En concreto, la narración de este milagro me llegó a través de un amigo lector, al cual le agradezco sinceramente. Después de investigar sobre el asunto, decidí compartirlo con los demás lectores.

Jardín donde todos los años se verifica el milagro

Para quien tiene fe, el milagro es una manifestación más del poder y de la bondad de Dios. Y para quien no la tiene, el milagro engendra un serio problema de conciencia, pues lanza la duda sobre los fundamentos en los cuales se apoyan sus falsas certezas. Por eso mismo, muchos prefieren no mirarlo de frente. Así, debemos rezar a la Santísima Virgen para que ellos tengan al menos la honestidad de reconocer que el hecho es inexplicable, como hacen los científicos cuando no existe explicación natural para un fenómeno. ¡Queda una explicación sobrenatural, que siempre existe!



  




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