El Perú necesita de Fátima Visteis el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón.
CampañasTienda VirtualTesoros de la FeDonaciones



«Tesoros de la Fe» Nº 184

Ambientes Costumbres Civilizaciones  [+]  Versión Imprimible
AbcAbcAbc

Rothenburg

Buen gusto y dignidad en la vida popular medieval

Plinio Corrêa de Oliveira

La sociedad en la Edad Media se dividía en tres clases. La más alta de ellas era el Clero, porque estaba constituida por personas consagradas a Dios, integrantes de la estructura de la Iglesia Católica Apostólica Romana.

La segunda clase era la Nobleza, la clase de los guerreros y de los propietarios de tierras en el interior. En caso de guerra, eran ellos los que iban al frente de batalla. El servicio militar obligatorio era solo para los nobles. Para los plebeyos, el servicio militar era muy restringido.

Por fin, la Plebe —la tercera clase social, por lo tanto—, la que se incumbía de la producción económica.

Habitualmente, cuando oímos hablar de la Edad Media, pensamos en catedrales suntuosísimas, en castillos magníficos. Lo cual es cierto, porque en la Edad Media se construyeron catedrales y castillos incomparables. Pero es natural la indagación: ¿cómo sería entonces la vida de la plebe —o sea, del burgués y del trabajador manual— en aquella época?

La ciudad que ilustra esta página nos ofrece una respuesta palpable de cómo era esa vida.

¿De qué localidad se trata? De una pequeña ciudad construida en aquel período histórico, llamada Rothenburg ob der Tauber. Tauber es el nombre de un riachuelo que baña esa ciudad. En castellano diríamos: Rothenburg sobre el Tauber.

La ciudad era fortificada, porque podrían producirse incursiones de enemigos del Sacro Imperio Romano Germánico que quisieran tomarla. Para esa eventualidad, una muralla que la rodeaba la fortificaba por completo, como una fortaleza.

En su interior, no obstante, encontramos lo contrario. Era una ciudad de trabajo, donde se vivía el trajín cotidiano de la pequeña burguesía medieval o del trabajador manual. Naturalmente, las construcciones más bonitas eran las de la pequeña burguesía. Una gran burguesía, casi no existía allí. Era prácticamente solo la pequeña.

Las casas, en su mayoría, cobijaban a más de una familia. Eran los edificios de apartamentos de aquel tiempo. Tenían una entrada general que daba acceso cada uno de los departamentos. Se puede conjeturar que en los pisos superiores quedaban los aposentos de los trabajadores manuales y en los dos primeros pisos residían las familias más acomodadas. Como no había ascensor en aquel tiempo, para vivir en lo alto era necesario subir por unas interminables escaleras. Como resultado, el alquiler de los últimos pisos era más barato.

Los edificios eran indiscutiblemente bonitos. No tenían la belleza de un castillo, pero eran lindos, dignos y completamente diferentes a un suburbio o a las viviendas de un barrio obrero de cualquier ciudad moderna.

Hay algo de sólido y de acogedor en esos edificios, que nos hace posible estimar el placer de estar en su interior. Se tiene la impresión de que allí se come bien, se duerme bien y los días feriados se descansa bien. Y en la Edad Media el número de feriados era colosal.

Los colores de los edificios son discretos, aunque no sean tristes. Son colores agradables. Hay una preocupación por el buen gusto y el arte en todo, hasta en los arbolitos plantados frente a las casas, que son encantadores.

Termino citando a Karl Marx. En una obra en la que él presenta la historia del proletariado europeo, hay una frase que los comunistas actuales no gustan de repetir: “La edad de oro del proletariado europeo fue la Edad Media”.



  




Artículos relacionados

La Torre de Belén
Verdades olvidadas, en la consideración de la naturaleza
Superioridad de la civilización cristiana
San Juan de Letrán y San Pedro del Vaticano
El Tirol: tesoro de Europa central
Peor que 35 siglos en el desierto
Venecia, joya del mundo
La Sainte Chapelle
La humanidad después del pecado original
El Escorial




Informe de sus aportes a la Alianza de Fátima ¿Necesita que alguien rece por usted? Advocaciones marianas en el Perú Suscríbase a nuestro boletín


Peregrinando
La Navidad y la Civilización Cristiana
Visita de Mons. Schneider a Lima
Cremación: indicio de la actual descristianización
Una luz que viene del campo
Suicidios en la juventud: ¿Por qué?
Los confesionarios y el espíritu de la Iglesia
El mensaje de Fátima, hoy más urgente que nunca
Ideología de Género: Una persecución religiosa en ciernes
Un remedio eficaz contra la amnesia religiosa
Maravillosa lección en los orígenes de Lourdes
Fátima: “una sola fe, un solo bautismo, una sola Iglesia”



 



Tesoros de la Fe


Nº 192 / Diciembre de 2017

Una Santa Navidad
Alejada del bullicio mercantil y del vacío laicista

Ambiente tradicional navideño en el centro histórico de Praga, capital de la República Checa; al fondo, la iglesia de Nuestra Señora de Týn



Solicite aquí la visita de la Virgen Peregrina de Fátima




Santoral

16 de diciembre

Santa Adelaida Emperatriz, Viuda

+999 Sehl. “Maravilla de gracia y de belleza”, de ella dice San Odilón. Enviudando a los 19 años, se casó en segundas nupcias con Otto I. Éste recibió del Papa la corona de Carlo Magno, tornándose Emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico. Con la muerte del marido, Adelaida gobernó el Imperio hasta la mayoría de edad su hijo.








Ayude a difundir el mensaje de Fátima
Alianza de Fátima | Donaciones | Solicite visita de la Virgen | Tienda Virtual

Campaña promovida por la Asociación Santo Tomás de Aquino
Tomás Ramsey 957, Magdalena del Mar - Lima - Perú
..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... .....