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«Tesoros de la Fe» Nº 221

Palabras del Director  [+]  Versión Imprimible
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Mayo de 2020 – Año XIX

Estimados amigos:

Las epidemias acompañan al ser humano prácticamente desde que fue expulsado del Paraíso Terrenal o Jardín del Edén. ¡Quién no se impresionó, por ejemplo, al oír por primera vez la narración bíblica de las diez plagas de Egipto! Los propios Evangelios registran curaciones milagrosas de leprosos operadas por Nuestro Señor Jesucristo (cf. Mt 8, 1-4; Lc 17, 11-19).

Griegos y romanos enfrentaron pandemias en su tiempo: Hipócrates lo hizo con el cólera y Galeno con la viruela. A fines de la Edad Media la “peste negra” diezmó a un tercio de la población europea. Y siglo y medio después la viruela se encarnizó con los habitantes nativos de América. A todas estas pandemias aventajó en número de víctimas la “gripe española” de 1917 a 1920.

Pero el sufrimiento y la muerte, en la era cristiana, dio expansión a las obras de caridad y de misericordia. Hospitales, sanatorios, lazaretos, se levantaron por todas partes. Nacieron también las rogativas y procesiones para aplacar a la justicia divina. Sobresaliendo en las calamidades el heroísmo de los santos, que se desvelaron para atender espiritual y materialmente a los apestados.

Luego, como que conmovido por tantos e insistentes ruegos, Dios misericordioso acudió en auxilio de sus hijos arrepentidos. Y lo hizo comúnmente a través de una imagen, de un sacramental o de una aparición.

Un ícono de María, “Salus Populi Romani”, aplacó la peste en la Ciudad Eterna el año 590, y el Cristo milagroso de San Marcelo la salvó nuevamente en 1522. El detente del Sagrado Corazón de Jesús detuvo la peste de Marsella en 1720; y, la Medalla Milagrosa curó a miles de enfermos y consoló a los afligidos durante la epidemia de cólera que asoló a Francia en 1832. Pero fue la Virgen de Monte Bérico, en persona, que se apareció en 1426 y 1428 a las afueras de Vicenza, para poner fin a los padecimientos que asolaban cruelmente al noreste de Italia.

Sobre este último suceso, con la venia de nuestros lectores, nos extendemos a continuación.

En Jesús y María,

El Director



  




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Tesoros de la Fe


Nº 230 / Febrero de 2021

Sta. Bernadette Soubirous
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San Torcuato, Obispo y Confesor

+Siglo I ó II + Cádiz - España. Considerado como el primero de los “varones apostólicos” –obispos enviados de Roma a la Península Ibérica en el siglo I– fue obispo de Cádiz, que edificó con su ciencia y virtud.



† Fr. Domingo de Santo Tomás Navarrete OP

+(1499-1570) Perú. Religioso dominico, natural de Sevilla. Llegó al Perú en 1540 y participó en los dos primeros Concilios Limenses. Escribió la más antigua gramática del quechua, por lo cual Raúl Porras Barrenechea le dio el apelativo de Nebrija indiano. Defendió con valentía a los indios, manifestó al rey su preocupación por la educación de los mestizos y su oposición a la perpetuidad de las encomiendas. Pío IV lo nombró primer obispo de La Plata.








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