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«Tesoros de la Fe» Nº 53 > Tema “Viudas”

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Santa Rita de Casia

Patrona de los imposibles y abogada de las causas perdidas


Ejemplo de virtud para todos los estados de vida por los cuales pasó. Su intercesión es tan poderosa, que se volvió abogada de aquellas personas con problemas insolubles.


Plinio María Solimeo


En el último cuarto del siglo XIV, vivía en Roccaporena, obispado de Espoleto, en Umbría, Italia, un matrimonio ejemplar que tenía el don de remediar las discordias y los malentendidos, de tal modo que eran conocidos como “pacificadores de Jesucristo”. Su nombre no quedó registrado en la historia.

Sin embargo, una gran tristeza les empañaba el alma, pues no tenían hijos. A pesar de estar en edad avanzada, continuaban rogando a los Cielos para que les fuese concedido un heredero. Esa fe inquebrantable fue agradable a Dios, que atendió el pedido renovando a favor de ese matrimonio el milagro que había operado otrora con Santa Ana y Santa Isabel. Más aún: un ángel se apareció a la feliz futura madre, comunicándole que daría a luz una hija, que sería muy amada de Dios y estimada por su eminente virtud. Los padres deberían darle el nombre de Margarita (en italiano, Margherita). De ahí el diminutivo de Rita, con el que la futura santa sería conocida universalmente.

Se cuenta que, cuando la recién nacida estaba en la cuna, un enjambre de abejas blancas como la nieve, giraba alrededor de sus labios, como si fuesen flores de las más perfumadas.

Con tales señales de predestinación, la infancia y adolescencia de Rita transcurrieron con entera conformidad a la voluntad de Dios.

Matrimonio forzado e infeliz

A los 12 años Rita ya era una adolescente de corazón noble, generoso y compasivo; de entendimiento vivo, sólido, penetrante y perspicaz. A esa edad resolvió hacer voto de virginidad. Pero sus padres, aunque piadosos, tenían perspectivas más mundanas. Temiendo que ellos faltasen pronto, dejando sola a esa hija por tanto tiempo deseada, resolvieron casarla con un muy buen partido. Rita se resistió mucho a aceptar esa idea, que iba contra sus más profundos deseos, pero fue inspirada por el Señor a someterse a la voluntad de los padres, pues Dios quería que ella se santificase en todos los estados de vida. Por lo tanto, también como casada.

Fue escogido como esposo de Rita, Pablo Fernando, noble, rico, poderoso; pero de genio insoportable, irascible y lascivo. Pese a que la joven intentaba siempre­ hacer su voluntad y tratarlo con la más extrema docilidad, él la maltrataba de palabra e incluso físicamente.

Rita lo soportaba todo con espíritu sobrenatural, siendo asistida en sus angustias por los tres santos de los que era más devota: San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentino. Ellos la incentivaban a cargar con paciencia su cruz, ofreciendo todo por la conversión del esposo.

Santuario de Santa Rita de Casia

Conversión y muerte del esposo

El martirio de Rita duró 12 años. Impresionado en fin por tan heroica virtud que veía en su esposa, Pablo comenzó a cambiar. De colérico, altivo, soberbio y disoluto, pasó a ser modesto, humilde, casto y virtuoso.

Muy agradecida de Dios, Rita se esforzó entonces a incentivar a su esposo y a los dos hijos que la Providencia le dio, a progresar en la senda de la virtud.

Con todo, no hay felicidad completa en esta tierra. Pablo Fernando fue asesinado por enemigos políticos, a quienes él otrora había ofendido. Fue un choque tremendo para Rita, que buscó por medio de oraciones y obras meritorias sufragar el alma de su esposo.

Como viuda, Rita fue también un modelo, a ejemplo de lo que había sido como virgen, esposa y madre. Se dedicó de cuerpo y alma a sus dos hijos, suplicándoles continuamente que perdonasen a los asesinos de su padre y no buscasen venganza.

Peroellos, apenas terminada la adolescencia, juraron vengar el horrendo crimen. De nada valieron los pedidos y las lágrimas de la madre. Ella tomó entonces una resolución heroica: pidió a Dios que si ellos persistiesen en el intento y fuesen a ofenderlo con tal pecado, que les fuese quitada la vida. Y fue oída. Uno tras otro, ambos hijos murieron con todos los auxilios de la Religión, después de perdonar a los asesinos.

Entrada milagrosa en el convento

Deshechos todos los lazos que la sujetaban a la tierra, Rita podía ahora realizar su antiguo sueño, de consagrarse enteramente a Dios en un convento. Se encaminó al de Santa María Magdalena, de la Orden de San Agustín, su patrono y pidió ser admitida. Pero esta casa religiosa no recibía a viudas. Ella insistió dos veces más y en las dos fue rechazada.

Resolvió entonces transformar su casa en un lugar de retiro, donde pudiese vivir enteramente aislada, como la más observante de las eremitas.

Un día en que rezaba fervorosamente en su casa, escuchó golpes en la puerta. Al abrirla, vio a sus protectores San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentino, que le dijeron: “Ven, ya es tiempo de que entres en el monasterio del cual fuiste tantas veces rechazada”. Transportándola por los aires, la hicieron entrar, a pesar de que todas las puertas y ventanas estaban cerradas. Las monjas, ante el milagro, comprendieron que era voluntad de Dios que Rita fuese una de ellas. Y la recibieron de todo corazón.

Rita comenzó su noviciado como la más fervorosa de las novicias. Aunque buscando huir de toda singularidad, cumplía eximiamente cada punto de la regla.

Para probar su obediencia, la superiora le mandó que regase todos los días un tronco seco de vid. Con la mayor simplicidad se incumbía de la tarea, hasta que un día milagrosamente el tronco germinó y de él nació la parra que hasta nuestros días se puede ver en el convento de Casia. Las religiosas enviaban racimos de uvas de esa parra al Santo Padre.

En su frente, una espina de la Corona de Espinas

Cierto día, al oír las palabras del Nuestro Señor en el Evangelio, “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, entró en éxtasis y comprendió el significado más profundo de aquellas palabras.

Otra vez, oyendo un sermón de Santiago de las Marcas sobre la coronación de espinas, sintió una tal compunción, que pidió a Nuestro Señor la gracia de participar, por lo menos en algo, de aquel divino misterio. En ese mismo instante, sintió un violento dolor en la cabeza, como si ésta fuese presionada por espinas. Y vio salir del crucifijo ante el cual rezaba un rayo de luz dirigido a su frente, sintiendo que en ella penetraba una aguda espina. Ésta provocó tan repugnante llaga, que exhalaba mal olor y de donde incluso salían gusanos que se escurrían por el rostro de la santa.

Esto hizo con que Rita viviese los últimos quince años de su vida aislada de las otras hermanas y más entregada a la contemplación. Sólo una vez desapareció milagrosamente tal llaga. Fue cuando quiso ir a Roma con las demás hermanas para ganar el jubileo, y la superiora no lo quiso permitir a causa del mal olor que desprendía su llaga. Ella rezó y la llaga se cerró sin dejar cicatriz alguna. Apenas volvió a su convento después del viaje a Roma, la llaga se reabrió y permaneció hasta su muerte.

Mientras tanto, la fama de santidad de Rita franqueó los muros del convento, y mucha gente venía a verla. Ella preveía los acontecimientos, recibía luces sobre los más recónditos misterios y obraba milagros.

En los últimos cuatro años de su vida padeció una dolorosa enfermedad, durante la cual demostró, en medio de dolores, tranquilidad y paciencia inalterables. En este periodo, se operó un milagro que se volvió universalmente conocido. Una amiga que la fue a visitar, le preguntó si quería algo. Rita respondió que le gustaría mucho recibir una rosa y unos higos del jardín de su antigua propiedad en Roccaporena. Transcurría el mayor rigor del invierno europeo, cuando la naturaleza parece muerta. Aunque extrañando mucho tal pedido, la amiga fue al citado jardín y, maravillada, vio bonitas rosas y una higuera cargada de frutos, que recogió y llevó a la santa.

Altar donde se conserva el cuerpo incorrupto de Santa Rita de Casia

“Vida” post-mortem de Rita de Casia

Rita entregó su alma a Dios el 22 de mayo de 1456. Se puede decir que entonces comenzó su post-vida.

Inmediatamente después de su muerte, las campanas de todas las iglesias de Casia comenzaron a tocar por sí mismas, mientras una fragancia sobrenatural invadió todo el convento. Su cuerpo parecía rejuvenecido, su rostro brillaba. La llaga de su frente, antes tan repugnante, emitía rayos como si fuese una estrella.

Rita de Casia fue beatificada el día 2 de octubre de 1627. Ese día se celebraron en Casia solemnes ceremonias. Sin embargo, en la procesión que se había organizado, se produjo una viva discusión entre clérigos seculares y religiosos sobre quién debía tener la precedencia. En ese momento, en presencia de millares de peregrinos, el cuerpo de Rita abrió los ojos que refulgieron como los de una persona viva. Los gritos de “¡milagro, milagro!” hicieron que la disputa terminase. Ella fue canonizada en 1900, por León XIII.

Otro milagro fue la conservación de su cuerpo hasta nuestros días. Hasta por lo menos el inicio del siglo XX —pasados, por lo tanto, más de cuatro siglos de su muerte— el día de su fiesta, el cuerpo de la santa se levantaba del fondo del relicario donde está, hasta la superficie de la reja del coro de las religiosas.

Se notó también que, de tiempo en tiempo, el cuerpo cambia de posición. Por ejemplo, en 1926, su rostro que estaba vuelto hacia aquellos que a ella dirigían sus oraciones, se movió, pasando a mirar al cielo.     


Obras Consultadas.-

1. Joan Carroll Cruz, The Incorruptibles, TAN Books and Publishers, Rockford, USA, 1974, pp. 130 y ss.
2. P. Juan Croisset, Año Cristiano, traducción del P. José Francisco de Isla, Saturnino Calleja, Madrid, 1901, pp. 620 y ss.
3. Les Petits Bollandistes, Vies des Saints, d’après le Père Giry, Bloud et Barral, Libraires-Éditeurs, París, 1882, t. VI, pp. 104 y ss.
4. P. José Leite  S.J., Santos de Cada Día, Editorial A. O., Braga, 1987, t. II, pp. 117 y ss.



  




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Nº 200 / Agosto de 2018

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