El Perú necesita de Fátima Si los hombres supiesen lo que es la eternidad, harían todo para cambiar de vida.
CampañasTienda VirtualTesoros de la FeDonaciones



«Tesoros de la Fe» Nº 76 > Tema “Consideraciones sobre la oración”

Lectura Espiritual  [+]  Versión Imprimible
AbcAbcAbc

Consideraciones sobre la oración

(III)


El Padre Meschler,* en el trecho que publicamos en el número anterior, indica las condiciones para que la oración tenga eficacia. En este artículo, insiste en la perseverancia de nuestra oración teniendo presentes también los intereses de la Iglesia.


Orar, orar tanto como sea posible, hace parte también de la perseverancia en la oración. Nos urge orar mucho, ya que carecemos de todo, y es deber nuestro interceder también por muchos otros. Pedir únicamente para uno mismo, y sólo abogar por sus mezquinos intereses, no es cumplir la misión propia en la Tierra; es desconocer el poder y la eficacia de la oración. Nuestra oración debe ser la de un hijo de Dios, es decir, que ésta debe extenderse a todas las necesidades de la Iglesia y de la humanidad entera.

A cada momento, ¡cuán graves e importantes cuestiones, de las cuales dependen en gran parte la salvación de las almas y la gloria divina, están ante el tribunal de Dios a la espera de sus respectivas soluciones! Incluir en nuestras plegarias los intereses del mundo, presentarlos al Señor, encomendándolos a Él: eso es orar de modo apostólico, católico, divino, y al mismo tiempo humano.

Así lo hizo el Salvador, y es lo que Él nos enseña en la oración dominical. Si se diera la casualidad de que no tengamos una intención precisa o particular, recorramos en espíritu las diferentes regiones de la Tierra, a fin de confiar a la protección divina los intereses que en ellas se debaten; todos reclaman el auxilio de nuestras preces.

Del mismo modo como aprendemos a andar, a leer y a escribir —andando, leyendo y escribiendo—, así también aprendemos a orar bien, ejercitándonos en la práctica de la oración. Si ésta nos parece penosa e insípida, es porque no acudimos a ella con asiduidad. Sin embargo, ¡cuán importante es el gusto de la oración, la facilidad de orar! Si apreciáramos la oración, seremos ingeniosos para hallar tiempo para el ejercicio de ella, pues encontramos siempre ocasión propicia para aquello que nos place. [...]

*     *     *

Debemos tener por la oración vocal gran estima, primeramente por ser dirigida a Dios, razón de sobra para que sea apreciada. Además, ella se encuentra en armonía con nuestra naturaleza, que es un compuesto de alma y cuerpo. Es nuestro deber alabar a Dios, utilizando todas las facultades que recibimos de Él: tanto las del cuerpo como las del alma. En la oración vocal, quien ora es el hombre tomado en su conjunto: su corazón y su carne se regocijan en el Señor (Sal. 83). La Sagrada Escritura llama a la oración “el fruto de labios que bendicen el nombre de Dios” (Heb. 13, 15). Pero hay tantos que no sólo rechazan dar ese homenaje, ¡sino que blasfeman el Santo Nombre del Señor! Es, pues, justo ofrecer al Creador una compensación; es la que le damos mediante la oración vocal. [...]

*     *     *

Las palabras son imágenes y símbolos. Puestas en vibración por la varita mágica de la memoria, ellas nos desvelan magníficas perspectivas en el reino de la verdad y hacen brotar manantiales de la más suave consolación.

El Espíritu Santo compuso para nuestro uso, en el libro de los Salmos, las más bellas oraciones vocales que se conocen, y el Salvador tuvo a bien darnos una fórmula precisa de ese género de oración. En la celebración de su culto oficial, la Iglesia sólo emplea oraciones vocales que, por lo general, son muy breves. La mayor parte de la humanidad sólo conoce ese modo de orar, y en él encuentra la salvación eterna. Es, pues, esa forma de oración la senda regia que conduce al Cielo, la escalera de oro por donde suben y bajan los ángeles, llevando a Dios los mensajes de la Tierra y trayendo a los hombres las gracias divinas.

En fin, gracias a la oración vocal, la oración de la Cristiandad en todo el mundo es simultáneamente particular y común.     



* P. Mauricio Meschler  S.J., La Vida Espiritual — Reducida a Tres Principios, Ed. Vozes, Petrópolis, 1960, pp. 32 y ss.



  




Artículos relacionados

Consideraciones sobre el Padrenuestro – V
Consideraciones sobre el Padrenuestro – II
Consideraciones sobre el Padrenuestro – I
Consideraciones sobre el Padrenuestro – IV
Consideraciones sobre el Padrenuestro – VII
Consideraciones sobre el Padrenuestro – III
Consideraciones sobre el Padrenuestro – VI
Consideraciones sobre el Padrenuestro – VIII
Breve historia del Avemaría
Consideraciones sobre la oración (V)







Informe de sus aportes a la Alianza de Fátima ¿Necesita que alguien rece por usted? Advocaciones marianas en el Perú Suscríbase a nuestro boletín


COVID-19
¿El coronavirus es un castigo divino?
La pandemia y los grandes horizontes de Fátima
Mons. Athanasius Schneider: Nos gloriamos en las tribulaciones
Remedio seguro contra la “coronafobia”
Cardenal Raymond Leo Burke: Mensaje sobre el combate contra el coronavirus



Peregrinando
Santo Toribio de Mogrovejo
La Sagrada Túnica de Nuestro Divino Redentor
Santa Bernadette Soubirous
Corrupción en la sociedad: ¿Existe una solución?
Fiesta de gloria y de paz
Intransigencia de los Santos: irreductible fidelidad a su misión
Cristiandad
El ángel de la guarda, nuestro verdadero amigo
La Asunción de María Santísima
¡Vade retro Satanás!
El Santísimo Sacramento de la Eucaristía
La Madonna de Monte Bérico
Remedio seguro contra la “coronafobia”
El Hijo de Dios condenado por el más arbitrario de los procesos
Santa Jacinta de Fátima: Centenario de su fallecimiento (1920-2020)
La actitud católica frente a la muerte y la concepción materialista
¿Cómo rezar bien el rosario en honor a la Virgen María?
Grandezas y glorias de San José
Presencia diabólica en el mundo de hoy
Los rostros de la Virgen en el Perú
La Visita a los Monumentos - Jueves Santo
Un remedio eficaz contra la amnesia religiosa
Santidad: la verdadera gloria de Francisco y Jacinta



 



Tesoros de la Fe


Nº 232 / Abril de 2021

Santo Toribio de Mogrovejo
Gloria de la Iglesia y del Perú

Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, Arzobispo de Lima, Anónimo – Óleo sobre tela, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires



Solicite aquí la visita de la Virgen Peregrina de Fátima




Santoral

22 de abril

San Agapito I, Papa y Confesor

+536, d.C. Constantinopla. Electo ya anciano para la Sede de Pedro, murió en Constantinopla, donde intentó convencer al emperador Justiniano a no invadir Italia y a remover a su patriarca monofisita de la Sede de Constantinopla. Herejía influyente en aquella época, el monofisismo negaba que en Nuestro Señor Jesucristo hubiese dos naturalezas, la divina y la humana.








Ayude a difundir el mensaje de Fátima
Alianza de Fátima | Donaciones | Solicite visita de la Virgen | Tienda Virtual

Campaña promovida por la Asociación Santo Tomás de Aquino
Tomás Ramsey 957, Magdalena del Mar - Lima - Perú
..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... .....