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«Tesoros de la Fe» Nº 129 > Tema “Confesores de la Fe”

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Santa Pulqueria

La santidad elevada al trono

 

 

Moneda con la efigie de Santa Pulqueria

Gobernante querida y respetada, defensora de la Iglesia y de la ortodoxia católica en medio de los esplendores de la corte imperial de Constantinopla

 

Plinio María Solimeo

 

Santa Pulqueria nació el año 399 en Constantinopla, hija del emperador Arcadio y de la emperatriz Eudoxia. Bautizada por San Juan Crisóstomo, reveló desde temprana edad dotes administrativas y una singular piedad.

Al morir el emperador Arcadio, en 408, dejó a Teodosio, de ocho años, y a Pulqueria, de diez años, además de otras hijas menores. Por eso, designó como tutor del emperador niño a uno de los hombres más sabios del imperio, Antimo, muy ligado a San Afraates y a San Juan Crisóstomo.

Pulqueria demostró tanto tino y madurez, que en 414, teniendo apenas 15 años, fue proclamada Augusta, para compartir el gobierno con su hermano.

A pesar de ser apenas dos años mayor que Teodosio, Pulqueria se hizo cargo de su educación, rodeándolo de maestros hábiles y virtuosos. Se aplicó en inspirarle profundos sentimientos de piedad. Le enseñó a rezar, a amar todo cuanto se relacionaba con el culto divino, y sobre todo a defender la doctrina de la santa Iglesia. Teodosio II fue casto, devoto, moderado, pero muy influenciable y sin talento de gobierno.

Pulqueria cuidó igualmente de sus dos hermanas menores, Arcadia y Mariana, llevándolas a progresar en la virtud. Las incentivó, como ella, a hacer el voto de virginidad, consagrándose así a Dios. Juntas tomaban las comidas y hacían los ejercicios de piedad, empleando el tiempo libre en trabajos manuales u otras obras propias al sexo femenino. Progresaba en todo, practicando mortificaciones desconocidas entonces en la corte imperial. Prohibió la entrada en sus aposentos y en los de sus hermanas de personas del sexo opuesto, y no hablaba con hombres sino en público. Encomendaba a Dios todos los asuntos de Estado, y no tomaba ninguna decisión seria sin antes haber oído a las personas sabias y virtuosas que componían su consejo. Ella pensaba con rapidez y obraba con resolución. No se tiene noticia de que, en toda su vida, se hubiera producido una sola rebelión en el imperio, lo que no era normal en aquellos tiempos conturbados.

Ingratitudes e intrigas de la corte

Cuando Teodosio cumplió 20 años, Pulqueria le dio como esposa a la más bella y cultivada doncella de la corte, hija de un filósofo pagano de Atenas. Ésta se convirtió, y en el bautismo tomó el nombre de Eudoxia. Incluso después de convertirse en emperatriz, Eudoxia componía, con gracia y espíritu, escritos y poemas. Su sabiduría era universal, habiendo sido asombrosos sus progresos en gramática, retórica, matemática, música y poesía. Era también perita en bordados con hilos de oro y de púrpura, arte en el cual descollaban entonces las damas de sociedad.

Agradecida a Santa Pulqueria, que la había elevado al trono, Eudoxia veía al comienzo con complacencia la influencia de ella sobre su hermano. Pero ya siendo emperatriz, quiso ella misma gobernar al marido. Influenciada por descontentos de la corte, comenzó a presionarlo para que apartase a Pulqueria de la capital imperial.

Injusticias y el “concilio de ladrones”

En aquel tiempo, para suceder a San Proclo, fue elevado a la Sede de Constantinopla San Flaviano, hecho que contrarió los deseos de Crisafio, ministro de Teodosio II. Éste procuró por todos los medios hacer que el nuevo obispo cayera en desgracia ante el emperador. Y como Santa Pulqueria era una intrépida abogada de San Flaviano, Crisafio buscó el auxilio de Eudoxia para apartar a los dos.

En un sínodo que San Flaviano había convocado para analizar una disputa habida en su clero, el archimandrita Eutiques, unido a Crisafio, fue acusado de herejía. Aunque San Flaviano lo trató con clemencia, buscando que se retractara y dejara la posición herética que defendía a respecto de las dos naturalezas de Cristo, Eutiques no abandonó la herejía. Ante el rechazo, San Flaviano pronunció su sentencia de degradación y excomunión. Envió después una relación completa de lo ocurrido en el sínodo al Papa San León I, que aprobó su decisión.

San Juan Crisóstomo bautizó a la santa

 

Eutiques apeló al emperador, reclamando que la justicia había sido violada en el sínodo, y pidiendo la revisión del mismo. La cual no encontró ninguna irregularidad y San Flaviano fue declarado inocente.

Entretanto, el patriarca de Alejandría, Dióscoros, acusado de vida irregular y opiniones sospechosas de herejía por ciertos súbditos suyos, tomó el partido de Eutiques. Crisafio convenció entonces a Teodosio a convocar en Éfeso, el año 449, un nuevo concilio, bajo la presidencia de Dióscoros, para analizar de nuevo la situación. Eutiques fue absuelto, a pesar de las protestas del enviado papal, y todas las medidas contra él fueron anuladas. Flaviano fue condenado y depuesto. Duramente maltratado en su camino para el exilio, falleció tres días después. Un partidario de Dióscoros fue nombrado para sucederle en la Sede de Constantinopla.

San León I escribió varias epístolas abogando por la inocencia de San Flaviano, especialmente a Teodosio II, a Santa Pulqueria y al clero de Constantinopla. Hizo más: convocó un concilio en Calcedonia para juzgar la farsa de lo que denominó “concilio de ladrones”. San Flaviano fue declarado inocente.

Sale de su retiro para defender a la Iglesia

Para oponerse a Pulqueria, Eudoxia condujo al marido a apoyar al heresiarca Nestorio, que atacaba la maternidad divina de la Santísima Virgen, y cuyos errores habían sido condenados por el Concilio de Éfeso de 431. Eudoxia apoyaba también al heresiarca Eutiques.

En vano San Cirilo de Alejandría intentó hacer ver a la emperatriz Eudoxia el error en que caía. Teodosio II publicó un edicto en el cual aprobaba todo lo que había sido hecho por los herejes.

San Cirilo de Alejandría envió entonces a Pulqueria, que siempre se había mostrado ardiente defensora de la fe, una obra que tituló De Fide ad Pulcheriam, pidiéndole defender la verdadera doctrina de la Iglesia. Pulqueria convenció al hermano de volver atrás, y el reconocimiento de los errores de Nestorio por el emperador se debe sobre todo a su influencia.

Los nestorianos, aprovechándose de toda la intriga existente en el palacio, liderada por Crisafio con el apoyo de la emperatriz Eudoxia, presionaron también al emperador para apartar a Santa Pulqueria. Sin la menor recriminación al hermano ni a la cuñada, que se mostraban así tan ingratos, ella se apartó a una propiedad suya en el campo, a fin de llevar una vida verdaderamente monástica.

Eudoxia mientras tanto seguía apoyando a Eutiques y a los nestorianos, amenazando no sólo la ortodoxia sino también el imperio.

En su retiro, al saber lo que ocurría en la corte, Pulqueria se impregnaba de dolor, pero no pensaba intervenir. Sin embargo, el Papa San León le suplicó encarecidamente que dejase su retiro y fuese en auxilio de la Religión perseguida.

Pulqueria volvió a la corte para hacer cesar los abusos de que eran víctimas la religión y el imperio. En cuanto pudo hablar a solas con su hermano, lo hizo con tanta fuerza y persuasión, que le hizo ver claramente el abismo en que se había precipitado, apoyando a Nestorio contra San Cirilo de Alejandría. Teodosio II intentó remediar con nuevas leyes el mal que había hecho. Y expulsó de la corte a los instigadores de la desgracia de su hermana.

La única señora del Imperio Romano de Oriente

Cuando Teodosio II falleció en 450, debido a una caída del caballo, su viuda Eudoxia se retiró a un convento en Jerusalén, donde terminó piadosamente sus días. Lo que resta de sus innumerables escritos demuestra que ella se volvió una fervorosa católica, después de haber apoyado a los herejes por malas influencias.

Con la muerte de su hermano, Pulqueria se convirtió en la única señora del Imperio Romano del Oriente. Sin embargo, para afirmar su autoridad, juzgó deber suyo dividirla con el hábil general Marciano, viudo, que unía a un profundo conocimiento de los negocios, un celo ardiente por la fe católica, excepcional virtud y amor por los pobres. Se casó con él, pero declaró el voto de virginidad que había hecho y su deseo de que Marciano lo respetara. Así ella lo elevó al trono imperial, viviendo ambos en continencia.

Tanto Marciano cuanto Pulqueria se oponían a las nuevas enseñanzas de Dióscoros y Eutiques, contaminados por la herejía. Por eso, Marciano informó al Papa San León su deseo de convocar un nuevo concilio, como era también deseo del Pontífice, para juzgar a aquellos dos refractarios.

El celo de ambos por la ortodoxia les mereció grandes elogios de parte del Papa San León y de los padres reunidos en el Concilio Ecuménico de Calcedonia, en 451, que condenó y excomulgó nuevamente al heresiarca Eutiques, excomulgó y depuso a Dióscoros de su Sede, y declaró a San Flaviano mártir de la fe.

Los emperadores, para dar más fuerza a este concilio, asistieron personalmente a seis de sus sesiones. En la sexta, Marciano y Pulqueria estuvieron presentes en compañía de todos los comisarios imperiales y del senado. El emperador pronunció un discurso y fue leída la profesión de fe hecha en la sesión anterior, nuevamente aprobada por los emperadores. La sesión terminó con alegres aclamaciones al emperador y a la emperatriz, que fueron comparados a Constantino y a Santa Helena.

Santa Pulqueria trajo entonces los restos mortales de San Flaviano a la capital del imperio, donde fueron recibidos triunfalmente, y los sepultó junto a los de sus predecesores en la Sede de Constantinopla.

 

El Papa San León I concedió gran apoyo a Santa Pulqueria

Cuando el año 451 Atila envió un ultimátum a los emperadores para que les pagaran un pesado tributo, bajo pena de invasión, Pulqueria y Marciano respondieron que tenían oro para los amigos y hierro para los enemigos. Y reclutando nuevas tropas, guarnecieron las fortalezas y se prepararon para la guerra, lo que hizo que el huno desviara sus miradas hacia el decadente Imperio Romano del Occidente, el cual, efectivamente, atacó.

Para aniquilar la herejía de Nestorio, que negaba la maternidad divina de la Santísima Virgen, Pulqueria mandó construir tres magníficas iglesias en honra de la Madre de Dios en el imperio. Una de ellas, especialmente bella, recibió un cuadro de Nuestra Señora de mucho valor, que la emperatriz Eudoxia le había mandado de Jerusalén, y que era atribuido a San Lucas. Lo que comprueba que la paz y el afecto habían vuelto a reinar entre las dos emperatrices.

Además de iglesias, Pulqueria construyó también hospitales, casas para peregrinos y, siempre preocupada con el decoro de las casas de Dios, hizo grandes donaciones. También mandó traer de regreso a la capital imperial los huesos de San Juan Crisóstomo, que había muerto en el exilio. Siendo favorecida por una visión, mandó buscar las reliquias de los 40 mártires de Sebaste, que fueron encontradas en las proximidades de Constantinopla.

La gran emperatriz falleció el día 10 de setiembre del año 453, a los 69 años. Durante su vida, había sido la protectora de la Iglesia y de los pobres, y dejó en favor de ellos todos los bienes de los que podía disponer.

Marciano ejecutó fielmente el testamento de su esposa y continuó las buenas obras que ella había comenzado. Y fue, por fin, a reunirse a ella el 457, después de cuatro años de enérgico gobierno.

 

Obras consultadas.-

* Juan Bautista Weiss, Historia Universal, Tipografía La Educación, Barcelona, 1928, t. IV
* J. P. Kirsch, Saint Pulcheria, The Catholic Encyclopedia, Online edition, www.newadvent.org
* Les Petits Bollandistes, Vies des Saints, Bloud et Barral, Libraires-Éditeurs, París, 1882, t. XI



  




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