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«Tesoros de la Fe» Nº 142 > Tema “San Luis María Grignion de Montfort”

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Quien no tiene a María por Madre, no tiene a Dios por Padre

 

 

Así como en la generación natural y corporal concurren el padre y la madre, también en la generación sobrenatural y espiritual hay un Padre, que es Dios, y una Madre, que es María.

Todos los verdaderos hijos de Dios y predestinados tienen a Dios por Padre y a María por Madre. Y quien no tenga a María por Madre, tampoco tiene a Dios por Padre. Por eso los réprobos —tales los herejes, cismáticos, etc., que odian o miran con desprecio o indiferencia a la Santísima Virgen— no tienen a Dios por Padre —aunque se jacten de ello—, porque no tienen a María por Madre. Que, si la tuviesen por tal, la amarían y honrarían, como un hijo bueno y verdadero ama y honra naturalmente a la madre que le dio la vida.

La señal más infalible y segura para distinguir a un hereje, a un hombre de perversa doctrina, a un réprobo de un predestinado, es que el hereje y el réprobo no tienen sino desprecio o indiferencia para con la Santísima Virgen, cuyo culto y amor procuran disminuir con sus palabras y ejemplos, abierta u ocultamente y, a veces, con pretextos aparentemente válidos. 


San Luis María Grignion de Montfort, Obras, Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, BAC, Madrid, 1984, p. 284.


  




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Soldados romanos echan a la suerte la Sagrada Túnica (detalle de La Crucifixión), Giotto, s. XIV – Fresco, Capilla de los Scrovegni, Padua



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+339, d.C. + Egipto. Es patrono de los que aspiran a la santidad en edad avanzada. Agricultor, a los 60 años descubrió que su mujer lo traicionaba. Huyó entonces hacia el desierto, habiendo, por su insistencia, obligado al gran San Antonio, a dirigirlo espiritualmente.








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