El Perú necesita de Fátima La verdadera penitencia que Nuestro Señor ahora quiere y exige, consiste, sobre todo, en el sacrificio que cada uno tiene que imponerse para cumplir con sus propios deberes.
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Via Crucis
por Plinio Corrêa de Oliveira
 
 
XIII Estación
Jesús es bajado de la cruz

 

V. Nosotros os adoramos, oh Cristo, y os bendecimos.
R. Porque por vuestra Santa Cruz redimisteis al mundo.

 

El reposo del Sepulcro os aguarda, Señor. En las sombras de la muerte, abrís el cielo a los justos del limbo mientras en la tierra, en torno de vuestra Madre, se reúnen unos pocos fieles para tributaros honras fúnebres. Hay en el silencio de estos instantes una primera claridad de esperanza que nace. Estos primeros homenajes que os son prestados son el marco inaugural de una serie de actos de amor de la humanidad redimida, que se prolongarán hasta el fin de los siglos.

Cuadro de dolor, de desolación, mas de mucha paz. Cuadro en que se presagia algo de triunfal en los cuidados indecibles con que Vuestro Divino Cuerpo es tratado.

Sí, aquellas almas piadosas se condolían, pero algo en ellas les hacía presentir en Vos al Triunfador glorioso.

Pueda yo también, Señor, en las grandes desolaciones de la Iglesia, ser siempre fiel, estar presente en las horas más tristes, conservando inquebrantable la certeza de que vuestra Esposa triunfará por la fidelidad de los buenos, ya que la asiste vuestra protección.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.
V. Tened piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, tened piedad de nosotros.
V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.
R. Amén.

 

XIV Estación
Jesús es colocado en el sepulcro

 

V. Nosotros os adoramos, oh Cristo, y os bendecimos.
R. Porque por vuestra Santa Cruz redimisteis al mundo.

 

Corrióse la laja. Parece todo acabado. Es el momento en que todo comienza. Es el reagrupamiento de los Apóstoles. Es el renacer de las dedicaciones, de las esperanzas. La Pascua se aproxima.

Y al mismo tiempo, el odio de los enemigos ronda en torno del Sepulcro y de María Santísima y los Apóstoles.

Pero ellos no temen. Y dentro de poco tiempo rayará la mañana de la Resurrección. Pueda yo también, Señor Jesús, no temer. No temer cuando todo parezca perdido irremediablemente. No temer cuando todas las fuerzas de la tierra parecieren puestas en manos de vuestros enemigos. No temer porque estoy a los pies de Nuestra Señora, junto a la cual se reagruparán siempre, y siempre una vez más, para nuevas victorias, los verdaderos seguidores de vuestra Iglesia.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.
V. Tened piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, tened piedad de nosotros.
V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

 

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Nº 219 / Marzo de 2020

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Ecce Homo!, Antonio Ciseri, 1891 – Óleo sobre tela, Galleria d’Arte Moderna di Palazzo Pitti, Florencia, Italia



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San Juan Clímaco, Confesor

+605, d.C. + Monte Sinaí. Ingresando a los 16 años en el monasterio situado en ese monte, lo dejó más tarde para vivir en mayor soledad. A los 75 años fue llamado de vuelta y elegido abad. Su libro Clímax o Escala de la Perfección, del cual proviene el sobrenombre de Clímaco, fue una de las obras más apreciadas en la católica Edad Media.








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