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«Tesoros de la Fe» Nº 162 > Tema “Las más célebres apariciones de la Madre de Dios”

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La Virgen de los Pobres

Nuestra Señora de Banneux

 

Cuando afirmamos que la Santísima Virgen es nuestra Madre, no lo decimos por fuerza de la costumbre ni en un sentido metafórico. Ella es efectivamente Madre espiritual de todos los hombres; sin embargo, intercede de manera especial por aquellos hijos que espiritualmente están más necesitados.

Valdis Grinsteins

Apenas doce días después que ocurrieron las apariciones de Nuestra Señora de Beauraing —sobre las cuales tratamos en la edición de mayo de 2012— la Virgen Santísima volvió a aparecerse en Bélgica, esta vez en el pequeño caserío de Banneux, a escasamente 80 kilómetros del lugar anterior.

Mariette Beco (1921-2011)

La vidente, una niña de once años de edad, se llamaba Mariette Beco. Era la mayor de siete hermanos, que con el tiempo serían once. La familia Beco, sin embargo, en aquel entonces no practicaba la religión; sus miembros eran católicos apenas de nombre.

En ese ambiente, aunque no era hostil a la religión, se vivía en un clima de indiferentismo religioso. La vidente había hecho su primera comunión y de vez en cuando rezaba antes de dormir unas oraciones, con la ayuda de un rosario que había encontrado por casualidad.

Aparición, sorpresa y temor

La noche del 15 de enero de 1933, Mariette estaba cuidando a uno de los bebés, mientras miraba por la ventana a la espera de otro hermanito. Fue entonces que vio, a través del cristal, a una señora en el jardín de la casa. Pensando que podría tratarse del reflejo de la lámpara de la mesa sobre el vidrio, la movió del lugar donde estaba. A pesar de ello, la visión persistía.

Atemorizada, llamó a su madre, diciendo que había una Señora en el jardín de la casa. La madre, incomodada, no le dio importancia. Mariette insistió: “Mamá, parece que es la Virgen”. La madre se interesó, aunque no creía, pues la niña no solía hablar de cuestiones religiosas. Se acercó entonces a la ventana pero no percibió nada. La niña exclamó: “Mamá, es la Virgen, me está sonriendo”. La madre le contestó: “Es una bruja”.

Mariette continuó viendo a la Santísima Virgen, que le hizo un gesto para ir al jardín. Pero su mamá no la dejó salir y le puso cerrojo a la puerta. Cuando Mariette regresó a la ventana, Nuestra Señora había desaparecido.

Así terminó la primera aparición. Por la noche, al comentar el episodio en casa, nadie creyó a la niña.

Al día siguiente, Mariette le contó el hecho a su mejor amiga, que tampoco le creyó pero le aconsejó decirle todo al párroco. Éste pensó que el hecho podía ser consecuencia de las recientes apariciones en Beauraing, y, sin negar lo ocurrido, le aconsejó prudencia. Sin embargo, días después, el sacerdote se sorprendió favorablemente al ver a Mariette asistir al catecismo, después de tres meses de ausencia. Más aún: Mariette, que antes era poco esmerada en las clases, ahora respondía bien las preguntas y se interesaba como nunca por las cosas de la religión.

El sacerdote, con suma prudencia, llamó discretamente a la niña y le pidió que repitiera lo que había visto. Al parecer sin dar importancia a lo sucedido, le dio unos consejos y envió un informe al obispo.

La segunda aparición

El día 18 de enero, la Santísima Virgen se apareció nuevamente. Era de noche y hacía mucho frío: 12 grados bajo cero. Mariette, al ver otra vez a la Virgen, venció el miedo y la oscuridad, salió de casa y se dirigió al jardín. Se arrodilló y permaneció rezando aproximadamente 20 minutos en silencio y mirando a la Virgen. El señor Beco fue atrás de su hija, intentando hablarle. Pero ella parecía no escucharlo. Entonces fue a buscar al sacerdote a la iglesia y, como no lo encontró, le dejó un recado. Volvió a casa y vio a su hija caminando, como que siguiendo a Nuestra Señora, que la conducía hasta una pequeña fuente. La Virgen le ordenó entonces meter las manos en la agua. Cuando la niña obedeció, la Señora le dijo: “Esta fuente me está reservada. Hasta pronto, buenas noches”. Y desapareció por encima de unos pinos.

Tan pronto como pudo, el P. Luis Jamin fue a casa de la familia Beco. Estaba sorprendido, pues sabía que en esa familia no se practicaba la religión. Al llegar, Mariette ya estaba durmiendo. El señor Beco relató lo sucedido al sacerdote; al terminar le pidió que lo confesara para poder comulgar al día siguiente. Y de hecho él, que no comulgaba desde su primera comunión, volvió a ser un católico practicante.

La Virgen, nuestra protectora

Al día siguiente, jueves 19 de enero, Mariette vio por tercera vez a la Santísima Virgen. Su padre, que en ese momento la acompañaba, no percibió nada. Mariette le hizo una pregunta, usando una fórmula graciosa: “¿Quién es usted, mi bella dama?”

—“Soy la Virgen de los pobres”, respondió la aparición.

La niña indagó por qué la fuente estaba reservada para Ella. La Madre de Dios explicó que la fuente estaba reservada para los enfermos de todas las naciones.

En las cinco apariciones posteriores, la Señora dijo que Ella era la Madre del Salvador y pidió que se rezara mucho. A Mariette le reveló un secreto, que ésta nunca reveló. En el lugar de las apariciones fue erigida una capilla, conforme al pedido de la Virgen, siendo hasta el día de hoy un lugar de continuas peregrinaciones.

La capilla de las apariciones

Lección: rezar por las conversiones

El aspecto que más llamó la atención sobre estas apariciones fueron las conversiones que ellas ocasionaron. No fueron milagros físicos, sino milagros espirituales. Personas que habían abandonado la religión católica volvieron a practicarla. ¿Cuál fue el motivo?

Hoy en día, debido a la propagación de los errores socialistas, cuando se habla de pobres, en general, se piensa únicamente en aquellos que no tienen dinero y pasan hambre. Se olvidan de que existe una categoría de personas en una situación de pobreza mucho más dramática: aquellos que no tienen fe. Que son espiritualmente desnutridos, espiritualmente pobres. Aunque puedan ser hasta muy ricos materialmente, les falta lo necesario para la vida espiritual. Fue para estos que la Santísima Virgen se apareció, para alimentar a todos los que tienen hambre de Dios. Ella no distribuyó dinero, ni canastas básicas o cualquier bien material, pero sí un bien muchísimo más elevado e importante: la fe.

La familia Beco volvió a la práctica de la religión, y con eso pasó a disfrutar de innumerables beneficios espirituales.

La Santísima Virgen se apareció y dijo pocas palabras, pero su presencia despertó en la vidente y en muchas almas el interés y la alegría por las cosas del cielo. Una lección para nosotros. Si deseamos que nuestro prójimo vuelva a la práctica de la religión, debemos mostrarle las maravillas del cielo, las bellezas de la práctica de la virtud, hablarle de Nuestro Señor Jesucristo y de su Santísima Madre.

La Virgen María no es un mito. Ella es una persona de carne y hueso, que vivió en esta tierra y está en el cielo en cuerpo y alma, siempre dispuesta a ayudarnos. Por lo tanto, hablemos de Ella con todo el mundo y pidamos ardientemente gracias espirituales para nuestro prójimo. Y veremos, como le sucedió a la vidente Mariette, que muchos retomarán la práctica de las virtudes. 

Bibliografía.-

* Yves Chiron, Enquete sur les apparitions de la Vierge, Ed. Perrin-Mame, 1995.

* La Virgen de Banneux, in www.corazones.org.

* Jean Ladame, Notre Dame de toute l’Europe, Ed. Resiac, 1984.

* Domenico Marcucci, Santuari Mariani d’Europa, Ed. San Paolo, 1993.



  




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