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«Tesoros de la Fe» Nº 132 > Tema “Las Virtudes Principales y de otras cosas necesarias que debe saber el cristiano”

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Temor de Dios y misericordia

 

En el artículo anterior de esta sección, transcribimos trechos de San Francisco de Sales* sobre la virtud de la confianza; en la presente, ofrecemos pensamientos del mismo santo sobre el temor de Dios asociado con la esperanza.

 

Última Cena (detalle), Giotto di Bondone, siglo XIII - Capilla Scrovegni, Padua, Italia

 

Para caminar con seguridad en esta vida, es necesario caminar siempre entre el temor y la esperanza; entre el temor de los juicios de Dios, que son abismos impenetrables, y la esperanza de su misericordia, que es sin número y sin medidas, sobrepasando a todas sus obras. Es necesario temer a sus divinos juicios, pero sin desánimo, así como animarse a la vista de su misericordia. […]

No hagamos como los que lloran cuando les falta la consolación y cantan cuando ella regresa; en lo que se parecen a ciertos animales que están tristes y furiosos cuando el tiempo está sombrío y lluvioso, y no cesan de saltar cuando el tiempo está bueno. […]

Nuestro primer mal es que nos tenemos en gran aprecio, y si nos acomete algún pecado o imperfección, nos quedamos admirados, confusos, impacientes, porque pensábamos estar buenos, resolutos y tranquilos; y, por lo tanto, cuando vemos que no es así, cuando caemos por tierra, nos quedamos perturbados y ofendidos por dejarnos engañar. Si supiésemos lo que somos, en lugar de admirarnos de haber caído, nos admiraríamos de estar en pie un sólo día o una sola hora.

Esforzaos por hacer con perfección lo que hagáis, y cuando esté hecho, no penséis más en ello; sino pensad en lo que tenéis que hacer, caminando con sencillez en la vía del Señor, sin atormentar el espíritu. Conviene odiar los defectos, no con un odio lleno de despecho, sino con un odio tranquilo; miradlos con paciencia y hacedlos servir para que os humillen en vuestra estima. Considerad vuestros defectos con más dolor que indignación, más humildad que severidad, y conservad el corazón lleno de un amor dulce, sosegado y tierno. […]

Es común en los que comienzan a servir a Dios y que aún no tienen experiencia de la carencia de la gracia y de las vicisitudes espirituales, que, cuando les falta el gusto de esta devoción sensible y de esta amable luz que los encaminaba en las vías del Señor, luego pierden las fuerzas y caen en una gran tristeza y pusilanimidad de corazón. 

 

 


* P. Jean-Joseph Huguet  S.M., Pensamientos Consoladores de San Francisco de Sales, Livraria Salesiana Editora, São Paulo, 1946, p. 109-123.



  




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