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«Tesoros de la Fe» Nº 51 > Tema “Espíritu de familia”

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El culto a los antepasados


“Quien teme a Dios, honra a sus padres” (Ecli. 3, 8)


Hall de ingreso al Museo de Historia Militar en Viena, Austria. El salón alberga en su interior nada menos que 56 estatuas —todas en mármol de Carrara— de los más ilustres estrategas de su larga historia. Las naciones como las familias deben honrar y respetar la memoria de sus antepasados, si desean perdurar en el tiempo.


La continuidad del hogar y del libro de familia son, por así decirlo, solamente la base material de la existencia de una verdadera familia. Pero su alma, su principio vital, es la autoridad del padre, la santidad de la madre y el culto a los antepasados. Habiendo examinado los dos primeros elementos en artículos anteriores, detengámonos ahora a considerar este último, siempre siguiendo la eximia pluma de Mons. Henri Delassus.*

*     *     *

El espíritu de familia genera asimismo aquello que, a justo título, fue denominado el culto a los antepasados. Y de él también se nutre.

Este culto existió en las naciones paganas, pero pronto degeneró. Vive aún en nuestras sociedades cristianas y lo vemos en China constituir casi toda la religión.

Entre los paganos, inicialmente consistía apenas en sentimientos de gratitud de los hijos hacia el padre que los había criado, y de la familia por el antepasado que construyó su situación, que le dio la lección y el ejemplo de las virtudes morales por las cuales ella prosperó.

Poco a poco, a medida que se distanciaba la imagen venerada del fundador, tomó un aspecto más misterioso y produjo en los corazones sentimientos de carácter más religioso.

Algo después, se transformó en un culto propiamente dicho. Los miembros de la familia ofrecían al antepasado sacrificios sobre su tumba y le decían: “¡dios subterráneo, sednos propicio!”

De otro lado, un altar era erguido en el fogón de la casa de familia. Carbones encendidos ardían ahí noche y día, simbolizando el alma de la familia, el espíritu de la familia recibido de los antepasados y siempre vivo en ella. ¡Ay de la casa en que el fuego se apagase! Éste sólo podía extinguirse en el altar cuando toda la familia hubiese desaparecido. Fuego extinto, familia extinta: eran expresiones sinónimas.

El cristianismo no destruye nada de lo que naturalmente brota del alma humana, pero lo purifica todo. Él también quiere que guardemos religiosamente el recuerdo de los autores de nuestras vidas, que conservemos sus lecciones y ejemplos, y que los sepamos transmitir a las generaciones futuras.

Pero, más allá de eso, la Santa Iglesia quiere que permanezcamos en comunión con nuestros abuelos, con el padre y la madre, los hermanos y las hermanas que nos precedieron en el paraíso. Ella quiere que recemos por ellos y que pidamos su intercesión, que los socorramos con oraciones y sacrificios y que tengamos confianza en su socorro, sobre todo para mantenernos en el camino en que ellos nos colocaron y para que nos guíen por él.     



* Extractos del libro El espíritu de familia en el hogar, en la sociedad y en el Estado, Mons. Henri Delassus (1836-1921), Colección Talent de Bien Faire, Oporto, 2000, pp. 147-148.



  




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Tesoros de la Fe


Nº 223 / Julio de 2020

La Guerra Invisible
Todo lo que un católico necesita saber en nuestros días para defenderse de la acción diabólica

San Miguel (detalle), Manuscrito ilustrado de Les tres riches heures du Duc de Berry, s. XV, Museo Condé, Chantilly (Francia)



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Santoral

8 de agosto

Santo Domingo de Guzmán, Confesor.

+1221 Bolonia. Canónigo de Osma, en España, oriundo de noble familia, al dirigirse en peregrinación a Roma vió el estrago que la herejía albigense hacía en el sur de Francia. Ahí quedó para predicar y defender la verdad, fundando la Orden de los Predicadores.

Más información aquí.

Catorce Santos Auxiliares

+ . Esos santos son así denominados por la eficacia de su intercesión en los siguientes casos: San Jorge (contra las dolencias de la piel y para conseguir la curación de los animales domésticos); San Blas (garganta); San Erasmo (enfermedades intestinales); San Pantaleón (invocado por los médicos, contra la tuberculosis); San Vito (epilepsia, corea o danza de San Vito); San Cristóbal (huracanes, pestes, viajes); San Dionisio (posesiones diabólicas); San Ciriaco (invocado contra la tentación a la hora de la muerte, dolencias de ojos y posesiones); San Acacio (dolores de cabeza); San Eustaquio (invocado contra las disputas familiares, para no caer en el infierno); San Gil o Egidio (pánico, locura, miedos nocturnos, para realizar una buena confesión); Santa Margarita de Antioquía (contra los males de riñones y durante el parto); Santa Bárbara (para librarnos de la tormenta eléctrica y muerte repentina) y Santa Catalina de Alejandría (invocada por estudiantes, oradores, abogados y contra los problemas de la lengua)








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